Lo negaré. Podrán amarrarme y colgarme del techo de cabeza. Podrán colocar mis pies en agua hirviendo. Podrán arrancarme una a una las uñas. Podrán hacerme una endoscopia -como la que me hicieron hoy-. Podrán incluso obligarme a oir reaggeton una, diez, cien veces. Pero lo negaré. Nunca diré que le escribía. Aunque alguna vez -creo que una- firmara yo. Aunque me haya descubierto por la dirección IP. Diré que fue la vecina, la señora que limpia, el plomero, un hacker un poco aburrido de registrar los informes de la CIA.
Lo negaré. Y juro que aunque haya caído en la tentación, el vicio, la enfermedad, la compulsión, el hábito, la necesidad, la dependencia de escribirle, debo dejar de hacerlo. Como los alcohólicos contaré los días. Hoy no le escribí. Llevo un día sin escribirle. 24, 25 horas. Un pocote de minutos. Así poco a poco borraré el vicio. Me falta ahora decir: No, tampoco lo leeré. Hoy no. 1 hora sin leerlo. 2. Estoy ahora en período de abstinencia. Es difícil dejar ciertas drogas. Sus palabras, por ejemplo. El sabe lo que es eso. La adicción a las palabras.
......................................................................
PAUTA PUBLICITARIA: YA ESTA EL SEGUNDO NUMERO DEL TALLER
DE MIS ADMIRADOS HERMANOS CHANG.
LA PAGINA ES http://hermanoschang.blogspot.com
.......................................................................
miércoles, marzo 29, 2006
martes, marzo 28, 2006
el escondite
Tenía probablemente cinco años. Ellos, los grandes, dijeron que jugarían al escondite. Yo me incluí. Me escondí difícil. Entre los restos de anime de una fábrica, de un depósito, de un garaje, no sé, algo así, siempre al fondo de una casa en San José. Estaba orgullosa. A nadie se le ocurriría llegar hasta allí. Pasaron 5 minutos. 10. Oía las voces. Cerca. Reían. Como si se hicieran cosquillas. Pasaron 15 minutos. Corrían. Se atrapaban. Estaba con los grandes. Y yo era fuerte. Sobrevivía al descubrimiento. 20 minutos. 30. Las risas más lejos. 40.50. Lejos. De pronto me olvidé de por qué estaba allí. Sabía que jugaba. Pero algo más llamaba mi atención. Me enriquecía con el caminar de las hormigas. Hice castillos de anime para ellas. Ministerio de la Vivienda Popular. Eso sí. Sin hacer ruido. No fueran a escucharme. Anónima. Creyéndome heroína. Nadie sabía de mí. 1 hora. 2. Silencio. Se hacía tarde. Casi sin luz. Y yo terca. Imbécil. Ganaría el juego. Empezaron a llamarme por mi nombre, me anunciaban la cena. Callé. No caería en el truco. Seguí en silencio. No me localizarían nunca jamás. Record Guiness. La niña mejor escondida de todo el planeta Tierra y sus alrededores. Era de noche. Ni el mínimo sonido. De pronto el anime sobraba. Las hormigas se habían ido a dormir. Tumbé los castillos. Me sentí sola. Sola. Creo, no sé, que empecé a llorar. O a lo mejor me aguanté para que no me oyeran. Pujos. Siempre salen pujos. Y allí alguien pasó, me rescató, uno de ellos, de los grandes. ¿Qué haces aquí metida?, me preguntó y me sacó de mi hueco. Estábamos jugando al escondite, le respondí, lógica, sorbiendo mocos. El me miró. Nosotros jugábamos al escondite, no tú. A ti nadie te estaba buscando. Entonces, intentó llevarme de la mano. Había cena pendiente. Y una mamá preocupada. Yo me devolví. Me senté y volví al anime, al castillo, desperté a las hormigas. Me había olvidado de los grandes ya. Me gustaba ser pequeña y que nadie me encontrara más.
lunes, marzo 27, 2006
en persona
Primero saldría corriendo. Paticas pa que te tengo. Claro, soy mala corredora. Pocos metros. Me caería. Tropezaría -sin piedra-. O me cansaría. Lengua afuera.
Entonces mejor descendería. Arañaría el pavimento. Diez metros bajo tierra. Avestruz. Sin cara. Pura cola. No me veas. O bajaría la cabeza. Puro pelo largo. Sin cara. Rizos.
Estaría roja como un tomate. Roja tipo franelita revolucionaria. Tipo Misión Robinson. Y caliente. Fiebre de 40 grados. Incendio forestal.
Bueno, está de más decirlo -porque no lo diría-. No hablaría. Muda. A lo más, tartamuda. Gutural. La lengua se la llevaron los ratones para comérsela en otra parte.
Me desmayaría. Muerta. 911. Bomberos metropolitanos. Policía de Chacao -ocurriría en el este-. Protección Civil. Prensa, radio y televisión -si no se cae otro viaducto-.
Esos serían los primeros cinco minutos.
Si sobrevivo -no es probable- vuelvo a salir corriendo.
Luego. Ah, luego. Verdad.
Unicamente subiríamos en el teleférico de tu infancia, de la mía. De noche. O al atardecer -muy al atardecer- como antesala. Mejor de noche de una vez. Disimular los matices. Permitir la convivencia más certera de demonios y otras especies.
Unicamente caminaríamos hacia el hotel Humboldt que está cerrado. Sólo para verlo. Una joya de otros tiempos. Desperdiciada, perdida. Unicamente nos sentaríamos sobre la cumbre, sobre el Avila -que adoras, que adoro-. Unicamente mirariamos una Caracas nocturna y nuestra. Al menos podríamos creerla nuestra. Quién quita.
No, no comeríamos fresas con crema ni salchichas ni tomaríamos cerveza en esos vasos grandes y burdos. Perderíamos belleza.
Sin embargo, podríamos llevar encaletada una pequeñísima botella de vino y dos copas altas. O podríamos bajar a un restautant muy solo en Galipán. Cenaríamos algo de mar, aunque el mar quede cientos de metros más abajo.
Haría frío y no tendríamos frío. Hay refugios.
Habría neblina y mejor. Así no me verías desaparecer ante el primer esbozo de realidad.
(Menos mal que no existo)
Entonces mejor descendería. Arañaría el pavimento. Diez metros bajo tierra. Avestruz. Sin cara. Pura cola. No me veas. O bajaría la cabeza. Puro pelo largo. Sin cara. Rizos.
Estaría roja como un tomate. Roja tipo franelita revolucionaria. Tipo Misión Robinson. Y caliente. Fiebre de 40 grados. Incendio forestal.
Bueno, está de más decirlo -porque no lo diría-. No hablaría. Muda. A lo más, tartamuda. Gutural. La lengua se la llevaron los ratones para comérsela en otra parte.
Me desmayaría. Muerta. 911. Bomberos metropolitanos. Policía de Chacao -ocurriría en el este-. Protección Civil. Prensa, radio y televisión -si no se cae otro viaducto-.
Esos serían los primeros cinco minutos.
Si sobrevivo -no es probable- vuelvo a salir corriendo.
Luego. Ah, luego. Verdad.
Unicamente subiríamos en el teleférico de tu infancia, de la mía. De noche. O al atardecer -muy al atardecer- como antesala. Mejor de noche de una vez. Disimular los matices. Permitir la convivencia más certera de demonios y otras especies.
Unicamente caminaríamos hacia el hotel Humboldt que está cerrado. Sólo para verlo. Una joya de otros tiempos. Desperdiciada, perdida. Unicamente nos sentaríamos sobre la cumbre, sobre el Avila -que adoras, que adoro-. Unicamente mirariamos una Caracas nocturna y nuestra. Al menos podríamos creerla nuestra. Quién quita.
No, no comeríamos fresas con crema ni salchichas ni tomaríamos cerveza en esos vasos grandes y burdos. Perderíamos belleza.
Sin embargo, podríamos llevar encaletada una pequeñísima botella de vino y dos copas altas. O podríamos bajar a un restautant muy solo en Galipán. Cenaríamos algo de mar, aunque el mar quede cientos de metros más abajo.
Haría frío y no tendríamos frío. Hay refugios.
Habría neblina y mejor. Así no me verías desaparecer ante el primer esbozo de realidad.
(Menos mal que no existo)
sábado, marzo 25, 2006
qk
(este post es de hace unos días, lo dejé en borrador por pecar de prejuicioso -creo-, paso ahora a publicarlo aunque parezca desactualizado en éste, el día de hoy, noche sin luna)
Alguien me reta ¿por qué nombrarla totona si existe la palabra cuca, más exacta, más perfecta, más desacralizadora e irreverente, más mamita rica, pues? Y yo insisto en que al referente, al magnífico referente que es esa pieza contextual -ese artefacto, ese objeto, ese animal, ese abismo, ese oasis, ese universo-, no lo desdice ninguno de sus signos textuales.
Totona la pone en cuarto grado, sentada quizás en primera fila, ajena un tanto a su propio nombre. Totona se parece a ese primer escarceo, quizás bajo la cama de los padres, con el hijo de la vecina.
Vagina, en cambio, la envuelve un tanto a su condición fisiológica. Casi está sobre la camilla del gineicólogo, dispuesta ella a una citología, a un papanicolao. Busque vagina en el diccionario de la real academia y empezará a dudar "Conducto membranoso y fibroso que en las hembras de los mamíferos se extiende desde la vulva hasta la matriz". Libro de texto. Dibujito aséptico. Mala praxis médica. También alguna solemnidad. Poco espanto.
Vulva, sin embargo, la erotiza. Suena al fondo el fornicio, cierto revolcón de sábanas. Quizás sirve como un buen título para una antología poética. Vulva se pronuncia. Vulva sabe. Vulva es.
Cuquita la minimiza. La mima. Le hace cuchicuchi. Seducción barata -y no hablemos de peluchito, osito, que son cuestiones que si se dicen en privado no se repiten en público (y con cuidado a quien se le dicen en privado, que puede bajar más de una líbido exigente en sustantivos)-. Un riesgo o tal vez una raya.
Cuchara la envuelve en cierto tono de bar de El Silencio -prejuiciosa-. Podría dar ciertos indicios de carnet rosado del Ministerio de Salud. Pero también, también tiene su toque desinhibidor en cualquier arrebato, podría salir indiscreta en el asiento trasero del carro, una sola vez y si te he visto no me acuerdo.
Coño la acelera, la pornografía. Promiscua. De boca en boca. Violenta. La masculiniza. Es el coño, no la coño. La devuelve -desvive, desviste- a sus orígenes. Madre sólo hay una y se le recuerda.
Cuca, y ahora vamos a cuca, pues cuca suena a calle. A conversa entre panas. A la jevita buenísima. Suena a levante. Suena a polvo resuelto. Pero también suena riquísimo al oído y en confianza y con la luz muy tenue. Suena a tenencia, a complicidad, a goce. A lenguaje oral.
Y ahora, en el nuevo lenguaje del chat, del mensaje de texto, la cuca se abrevia y casi pierde esencia como objeto del deseo. Qk. Ya no hay carne ni espasmos. Aunque dicen que también funciona en esta relatoría de bits.
Alguien me reta ¿por qué nombrarla totona si existe la palabra cuca, más exacta, más perfecta, más desacralizadora e irreverente, más mamita rica, pues? Y yo insisto en que al referente, al magnífico referente que es esa pieza contextual -ese artefacto, ese objeto, ese animal, ese abismo, ese oasis, ese universo-, no lo desdice ninguno de sus signos textuales.
Totona la pone en cuarto grado, sentada quizás en primera fila, ajena un tanto a su propio nombre. Totona se parece a ese primer escarceo, quizás bajo la cama de los padres, con el hijo de la vecina.
Vagina, en cambio, la envuelve un tanto a su condición fisiológica. Casi está sobre la camilla del gineicólogo, dispuesta ella a una citología, a un papanicolao. Busque vagina en el diccionario de la real academia y empezará a dudar "Conducto membranoso y fibroso que en las hembras de los mamíferos se extiende desde la vulva hasta la matriz". Libro de texto. Dibujito aséptico. Mala praxis médica. También alguna solemnidad. Poco espanto.
Vulva, sin embargo, la erotiza. Suena al fondo el fornicio, cierto revolcón de sábanas. Quizás sirve como un buen título para una antología poética. Vulva se pronuncia. Vulva sabe. Vulva es.
Cuquita la minimiza. La mima. Le hace cuchicuchi. Seducción barata -y no hablemos de peluchito, osito, que son cuestiones que si se dicen en privado no se repiten en público (y con cuidado a quien se le dicen en privado, que puede bajar más de una líbido exigente en sustantivos)-. Un riesgo o tal vez una raya.
Cuchara la envuelve en cierto tono de bar de El Silencio -prejuiciosa-. Podría dar ciertos indicios de carnet rosado del Ministerio de Salud. Pero también, también tiene su toque desinhibidor en cualquier arrebato, podría salir indiscreta en el asiento trasero del carro, una sola vez y si te he visto no me acuerdo.
Coño la acelera, la pornografía. Promiscua. De boca en boca. Violenta. La masculiniza. Es el coño, no la coño. La devuelve -desvive, desviste- a sus orígenes. Madre sólo hay una y se le recuerda.
Cuca, y ahora vamos a cuca, pues cuca suena a calle. A conversa entre panas. A la jevita buenísima. Suena a levante. Suena a polvo resuelto. Pero también suena riquísimo al oído y en confianza y con la luz muy tenue. Suena a tenencia, a complicidad, a goce. A lenguaje oral.
Y ahora, en el nuevo lenguaje del chat, del mensaje de texto, la cuca se abrevia y casi pierde esencia como objeto del deseo. Qk. Ya no hay carne ni espasmos. Aunque dicen que también funciona en esta relatoría de bits.
viernes, marzo 24, 2006
otra equivocación
Ya sé. No es mi estilo. Ya sé. Ya retomo mi cotidianidad. Dejo un juego al que no he sido invitada. Lo dejo antes de equivocarme. Antes de entristecerme más bien. O antes de que me boten. ¿Qué haces tú aquí, chica? Vuelvo a lo mío. Ya saben, mis niños, mis cuentos, las plantas. Incluso las plantas. Eso. Tan sencilla. Tan desapercibida. Tan distinta. Quedan cosas pendientes por escribir. Las de siempre. Las crónicas de la vida diaria. El gentío del metro, la película mala, los tropiezos en el ascensor. Con los lectores de siempre. La simple Aprendiz de Maga. La que se esconde de la de verdad. La que no se quiere ver.
oveja burra
la oveja no aprende. hace un año, hace más de un año que no la acecha el lobo feroz, aunque él aguarda con su pelambre turbia allá, tan lejos. el lobo feroz insiste: aqui estoy aunque me fui. suena el teléfono. y la oveja se mira al borde del agua, mira su cara de oveja trasquilada, y se pone muy muy cursi -lo confirma el día de hoy-. no era fácil la convivencia con el lobo feroz -perro guardián-, aunque la oveja (negra) siempre se salía del rebaño. pudo evitar la ideología dominante y salvarse del horno -eso venía, el almuerzo del domingo-.
y ahora la oveja, curiosa, divertida, evasiva -muy evasiva-, aunque nadie la llamó, aunque no tiene vela en este entierro, se puso a ver al correcaminos por televisión. y vaya que le parecen geniales las trampas del coyote. y vaya que quiere jugar a evadirlas ella. oveja burra, ya se los había dicho.
y ahora la oveja, curiosa, divertida, evasiva -muy evasiva-, aunque nadie la llamó, aunque no tiene vela en este entierro, se puso a ver al correcaminos por televisión. y vaya que le parecen geniales las trampas del coyote. y vaya que quiere jugar a evadirlas ella. oveja burra, ya se los había dicho.
jueves, marzo 23, 2006
metiche
El coyote va tras el correcaminos. No lo logra ¿por qué no demanda de una buena vez a ACME? (fidelidad de marca). El avestruz es rápido, se pierde y sonríe en la oscuridad sin que nadie lo vea. Pero esta vez, esta única vez, el coyote no ha caído en su propia trampa. Pasó una oveja (negra). La muy burra (aunque es oveja) metió sus narices. Metiche. Olfateaba curiosa. Se distrajo. No recordaba por qué estaba ahí. Se olvidó de que huía de su propio lobo feroz.
Menos mal que ACME nunca da en el clavo. En la última toma, en la trampa siempre cae el coyote. Pero sobrevive.
Menos mal que ACME nunca da en el clavo. En la última toma, en la trampa siempre cae el coyote. Pero sobrevive.
miércoles, marzo 22, 2006
laberintitis que llaman
Doy vueltas como un trompo. Esta mañana mi cama era un parque de diversiones, el carrusel ¿ves?, la lámpara daba giros en el techo, bailarina desatada. No me sostengo ¿sabes? Mi cabeza es un tiovivo. La oficina es ahora un borrón sin cuenta nueva.
La gacela -¿frágil? (quizás) ¿cobarde? (nunca)- quiere huir.
Corre.
La gacela -¿frágil? (quizás) ¿cobarde? (nunca)- quiere huir.
Corre.
martes, marzo 21, 2006
FundaMaga
El otro día una conocida periodista me invitó a participar en su programa de radio sobre gente exitosa. Tardé días en responderle. No quería asumir. Finalmente le envíe a su productora un correo con cualquier excusa poco creíble.
Me reía con un compañero de trabajo. ¿Gente exitosa? ¿Qué quieren que haga yo allí? Susto. Gente exitosa suena ribombante, pretencioso, suena como a vestido largo y página de sociales. Suena a autógrafo. Suena a un ego muy bien ajustado. Suena también como a cierto estado de reposo, al que sólo le llegan aplausos y bostezos.
En fin. Mi amigo y yo empezamos a imaginar cómo sería esta servidora en la entrevista. Ese pasar por las superficiales de ¿tiene premios? ¿tiene publicaciones? ¡qué bueno!, para ir más adentro, hacia lo que fue el año pasado y éste. Entonces pensamos en la cara de la periodista, sus intentos para aligerar el peso de las revelaciones, su temor de perder raiting, audioescuchas frustrados porque ellos lo que querían era oir bambalinas. Y jugábamos a pensar cómo empezaba a desviarse el sentido original del programa, como se iría convirtiendo en un reality show, un morboso Cristina con monstruos de cuatro cabezas y gente llorando mucho, mucho.
Y dijimos, pues bien, quien sabe si después de esa vergonzosa exposición pública, los oyentes, solidarios y llenos de mocos, se agrupan y crean la Fundación de Amigos de la Maga, sociedad sin fines de lucro (FundaMaga).
Me reía con un compañero de trabajo. ¿Gente exitosa? ¿Qué quieren que haga yo allí? Susto. Gente exitosa suena ribombante, pretencioso, suena como a vestido largo y página de sociales. Suena a autógrafo. Suena a un ego muy bien ajustado. Suena también como a cierto estado de reposo, al que sólo le llegan aplausos y bostezos.
En fin. Mi amigo y yo empezamos a imaginar cómo sería esta servidora en la entrevista. Ese pasar por las superficiales de ¿tiene premios? ¿tiene publicaciones? ¡qué bueno!, para ir más adentro, hacia lo que fue el año pasado y éste. Entonces pensamos en la cara de la periodista, sus intentos para aligerar el peso de las revelaciones, su temor de perder raiting, audioescuchas frustrados porque ellos lo que querían era oir bambalinas. Y jugábamos a pensar cómo empezaba a desviarse el sentido original del programa, como se iría convirtiendo en un reality show, un morboso Cristina con monstruos de cuatro cabezas y gente llorando mucho, mucho.
Y dijimos, pues bien, quien sabe si después de esa vergonzosa exposición pública, los oyentes, solidarios y llenos de mocos, se agrupan y crean la Fundación de Amigos de la Maga, sociedad sin fines de lucro (FundaMaga).
domingo, marzo 19, 2006
viaducto, familia
Me recuerda a Bradbury y no sé por qué. Un animal escondido por milenios bajo el océano que un día desata sus demonios ante un sonido, ante ese sonido que le recuerda a sí mismo. Y no sé por qué me recuerda ese cuento que no tiene nada que ver con la historia de un país donde viene el lobo a comerse las ovejas y Pedro se queda calladito.
Tal vez me recuerda al monstruo marino de Bradbury porque lo veo dinosaurio, enorme, solitario, pesado, torpe, viejo. Tal vez por qué lo vi mutilado, débil, desplomado, poca cosa, un animal de concreto atropellado por la desidia. Amputado. Inútil. Y mirándonos. Y diciéndonos: miren dónde están parados, miren dónde están, miren.
Y no había deudos. Sólo morbo. Y farándula.
(y estaban los que se creen inmortales en una foto con el vacío atrás, ésos, los que hacen Historia como extras)
Y en el viaducto fallecido, ese bajante por el que se volvió a arrojar el país, me perdí un momento. Recordé a la familia de esta mañana, la del Metro. Esa familia sin carro que decidió pasear un domingo en la mañana. Una familia que se bajó en Parque Carabobo, creyendo en la exactitud de las palabras, como si allí hubiese un parque, como si allí hubiese muchos árboles y trenes y atardeceres, como si allí se pudiera hacer un picnic. Era raro. Un papá. Una mamá. Un hijo adolescente. Una niña. Hablaban. Eran familia.
Y yo estoy trabajando. Y es domingo.
Tal vez me recuerda al monstruo marino de Bradbury porque lo veo dinosaurio, enorme, solitario, pesado, torpe, viejo. Tal vez por qué lo vi mutilado, débil, desplomado, poca cosa, un animal de concreto atropellado por la desidia. Amputado. Inútil. Y mirándonos. Y diciéndonos: miren dónde están parados, miren dónde están, miren.
Y no había deudos. Sólo morbo. Y farándula.
(y estaban los que se creen inmortales en una foto con el vacío atrás, ésos, los que hacen Historia como extras)
Y en el viaducto fallecido, ese bajante por el que se volvió a arrojar el país, me perdí un momento. Recordé a la familia de esta mañana, la del Metro. Esa familia sin carro que decidió pasear un domingo en la mañana. Una familia que se bajó en Parque Carabobo, creyendo en la exactitud de las palabras, como si allí hubiese un parque, como si allí hubiese muchos árboles y trenes y atardeceres, como si allí se pudiera hacer un picnic. Era raro. Un papá. Una mamá. Un hijo adolescente. Una niña. Hablaban. Eran familia.
Y yo estoy trabajando. Y es domingo.
sábado, marzo 18, 2006
real
No puedo ser virtual. Ni aunque lo intente. No puedo ser virtual, carajo. Ni aunque me diga: pues es una posibilidad, mi hermana, ante las torpezas en las que anda el mundo -en las que ando yo, miembro activo del mundo, usuaria del metro Chacao-Capitolio-.
Refugiarme en la red, pues. Eso quiero. Ser un bicho de Internet. Hacerme -asirme, asarme- de bits. Coño, si soy gente de usar en exceso las palabras, de desperdiciarlas, de desparramarlas, de llevarlas al borde de la locura, pues bien, usemos este medio, bajémonos las pantaleticas, entonces.
Pero no puedo. Veo a algunas mujeres que intentan hacer de un blog su cama y de los lectores sus amantes -manuales (tremendo anticonceptivo)-. Fallan. No sé. Suena, al fin y al cabo, a frigidez, a malos polvos en la vida, compensados con torpes letras en este cementerio que suele ser, al final de la tarde, la red. Se siente tan falso todo. Tan de película porno pirata comprada a algún buhonero del centro. Todos -todas- en este mundo virtual tienen vaginas multiorgásmicas, vergas kilométricas, cuerpos perfectos, todos tiran glorioso y en todas partes y con todo objeto animado e inanimado se les atraviese, pero no todos lo escriben tan bien. Es más, casi ninguno lo describe bien. Y suena tan trillado, tan de revista para adolescentes, tan ajeno a mí. Entonces digo, debe ser que soy marciana. O fantasma. Claro, eso era todo. Tengo alguna falla técnica, soy monstruo de seis piernas o cuatro cabezas, con una alergia intensa a las malas metáforas.
Pero no importa.El tema es que ando un poco de más en esta red. Sobro. Soy un caracter virtual que prefiere seguir caminando a tropezones por la avenida Baralt. Aquí ando, a tropezones también por mis calles, las de adentro, congestionadas unas, otras oscuras, calles ciegas. Y la verdad es que prefiero seguir siendo mucho más real que cualquier imaginario de circo. Prefiero ser menos perfecta siendo tan real. Y tan triste hoy, señor, y tan triste hoy.
Refugiarme en la red, pues. Eso quiero. Ser un bicho de Internet. Hacerme -asirme, asarme- de bits. Coño, si soy gente de usar en exceso las palabras, de desperdiciarlas, de desparramarlas, de llevarlas al borde de la locura, pues bien, usemos este medio, bajémonos las pantaleticas, entonces.
Pero no puedo. Veo a algunas mujeres que intentan hacer de un blog su cama y de los lectores sus amantes -manuales (tremendo anticonceptivo)-. Fallan. No sé. Suena, al fin y al cabo, a frigidez, a malos polvos en la vida, compensados con torpes letras en este cementerio que suele ser, al final de la tarde, la red. Se siente tan falso todo. Tan de película porno pirata comprada a algún buhonero del centro. Todos -todas- en este mundo virtual tienen vaginas multiorgásmicas, vergas kilométricas, cuerpos perfectos, todos tiran glorioso y en todas partes y con todo objeto animado e inanimado se les atraviese, pero no todos lo escriben tan bien. Es más, casi ninguno lo describe bien. Y suena tan trillado, tan de revista para adolescentes, tan ajeno a mí. Entonces digo, debe ser que soy marciana. O fantasma. Claro, eso era todo. Tengo alguna falla técnica, soy monstruo de seis piernas o cuatro cabezas, con una alergia intensa a las malas metáforas.
Pero no importa.El tema es que ando un poco de más en esta red. Sobro. Soy un caracter virtual que prefiere seguir caminando a tropezones por la avenida Baralt. Aquí ando, a tropezones también por mis calles, las de adentro, congestionadas unas, otras oscuras, calles ciegas. Y la verdad es que prefiero seguir siendo mucho más real que cualquier imaginario de circo. Prefiero ser menos perfecta siendo tan real. Y tan triste hoy, señor, y tan triste hoy.
viernes, marzo 17, 2006
falta Edith
Volar un blog es como poner una bomba. Yo lo sé. EL efecto es explosivo. Vas a opciones, haces clic en suprimir blog, y ya, desapareces. Es tan fácil. Clic y ya no hay vuelta atrás, no existes en la red. Bueno, casi no existes, siempre hay trucos con google para recuperar viejos post, pero nunca el blog entero. El blog nace tan rápido como puede morir. Lo podemos asesinar -amorosamente- en segundos. Es tentador, somos sus dueños, lo tenemos bajo dominio. Un blog es combustible, se hace cenizas rapidito.
Edith, suerte de mujer-bomba, hizo crash y le quitó la vida a Miel de Abajo, a mi juicio el mejor blog de la blogósfera venezolana. Edith, autónoma, determinada, anuló su palabra diva, su palabra hermosa y sensual.
Falta Edith y hay un vacío en la red. Falta Edith y se siente. Falta Edith y los blogs lucen tan faltos de vida, tan aburridos, tan sonsos. Falta Edith, se nos fue la reina.
Edith, suerte de mujer-bomba, hizo crash y le quitó la vida a Miel de Abajo, a mi juicio el mejor blog de la blogósfera venezolana. Edith, autónoma, determinada, anuló su palabra diva, su palabra hermosa y sensual.
Falta Edith y hay un vacío en la red. Falta Edith y se siente. Falta Edith y los blogs lucen tan faltos de vida, tan aburridos, tan sonsos. Falta Edith, se nos fue la reina.
jueves, marzo 16, 2006
los hermanos chang
Estos chinos se las traen. A pesar de la discriminación por parte de Veneblogs que los borró de su lista simplemente porque intentaban promocionarse "más de la cuenta", los Hermanos Chang están ganando terreno en la red y lectores. Este par de chinos, hartos de motores, cauchos y bujías, decidieron ponerle freno al negocio y arrancarse en una de patrocinadores literarios. Patrocinadores sin fines de lucro, como todo aquel que se mete en el mundo de las palabras -menos la Rowling, la multimillonaria-. En fin, como parte interesada en que esta revista virtual tenga más público, porque gracias a estos chinos gente muy cercana a mí publicó algún texto oculto antes bajo seudónimo, pues aprovecho mi espacio para decirle a los miembros de este club de equivocados: No se equivoquen, lean a los hermanos Chang, me lo agradecerán http://hermanoschang.blogspot.com
martes, marzo 14, 2006
Pingüinos
No sólo mejor documental. Le hubiera dado el premio a la mejor película de ficción, al mejor director, al mejor director artístico, al mejor actor, a la mejor actriz, a la mejor escena de amor. La Marcha de los Pingüinos es un peliculón. No sólo estas aves de traje negro nos enseñan el valor de la perseverancia, la valentía, el coraje, la fuerza, la solidaridad, el aguante, la voluntad, sino que también nos muestran el significado de la pareja, la familia, el amor, la ternura, el goce. Una gran lección para no quejarnos. Esos animales luchan contra todo y no sólo sobreviven, sino que viven. Esos animales se dan el gusto de la sensualidad en medio de la tormenta. Y los realizadores de la película lo supieron ver y nos dieron ese regalo de la naturaleza. De la naturaleza que es el aquí y el ahora.
sábado, marzo 11, 2006
galla y maluca
Soy galla. Absolutamente. Mal quedaría si no lo reconociera. Si se me nota a leguas. Más que galla, mamá gallina, galla gallinísima. Soy galla y me como los cuentos. Soy galla y creo en la familia, el amor, blablaba, esas cosas que no existen.
Pero soy maluca también. Perversa podría decirse. Bichita. No me caigo de una mata. Los cuentos me los como, es cierto, pero a sabiendas del terreno prohibido, del goce de pisar en falso. Me burlo de mí misma. Me vacilo la cosa, pues, que no me tomo tan en serio la vida. Monstrua. Pienso mal. Rozo los límites, a sabiendas de los límites. Me embarro.
Soy galla. Y a veces he sentido que me han hecho daño por estar creyendo en pendejadas. Eso me pasa por bolsa.
Soy maluca y siempre me salvo, siempre salgo a flote en las marejadas. Sólo que siempre termina sobreviviendo la galla que se da cuenta, en su lucha por no ahogarse, que es más maluca que otra cosa.
Pero soy maluca también. Perversa podría decirse. Bichita. No me caigo de una mata. Los cuentos me los como, es cierto, pero a sabiendas del terreno prohibido, del goce de pisar en falso. Me burlo de mí misma. Me vacilo la cosa, pues, que no me tomo tan en serio la vida. Monstrua. Pienso mal. Rozo los límites, a sabiendas de los límites. Me embarro.
Soy galla. Y a veces he sentido que me han hecho daño por estar creyendo en pendejadas. Eso me pasa por bolsa.
Soy maluca y siempre me salvo, siempre salgo a flote en las marejadas. Sólo que siempre termina sobreviviendo la galla que se da cuenta, en su lucha por no ahogarse, que es más maluca que otra cosa.
viernes, marzo 10, 2006
orgía
Me pregunta mi hija hoy: mami ¿qué es una orgía?
Y le pregunto yo (cara de susto) : ¿por qué?
Porque lo dice Sabina en su canción de las esposas, responde tranquilaza como es ella con esos y otros temas.
Y le digo qué es. Y se ríe de la tremendura de Sabina.
Y le pregunto yo (cara de susto) : ¿por qué?
Porque lo dice Sabina en su canción de las esposas, responde tranquilaza como es ella con esos y otros temas.
Y le digo qué es. Y se ríe de la tremendura de Sabina.
miércoles, marzo 08, 2006
no fedosy, no soy edith
Te puedo asegurar que no soy Edith. Ayer la conocí, Fedosy. Existe. Tiene rostro y es hermoso. Es de carne y hueso. Es real. De verdaíta.
Nos encontramos en el sitio de siempre, ya sabes, la dulcería zanahoria de Chacao -no me patrocina, insisto-. Edith estaba sola y leía. Era la única en todo el local que leía. Evidentemente era Edith, Fedosy, evidentemente era ella. Y no fuiste a conocerla. Por lo tanto no te pude presentar a Edith, Fedosy, no pude. Y te quedarás con esa duda de que soy yo. Y no lo soy. Yo no soy poeta, Fedosy. Te lo he repetido hasta el cansancio. Y ella sí, ella sí lo es.
Yo me senté al lado de Edith así tranquilaza, como si llevara conociéndola años. Y empecé atropelladamente a hablarle de mi cotidianidad, de mis cosas, de esta semana por ejemplo, esta semana loca, o de lo hermoso de un dios que estuvo de paso por Cartagena de Indias. Ella me ratificó que era un dios. Y sentí alivio. Así que era como si Edith y yo hubiésemos estudiado juntas desde preescolar, Fedosy, nos hubieras visto, conversando de conocidos y desconocidos y de amores y de desamores. Y no estabas allí para vernos como viejas amigas. Para encompincharte tú también. Porque te ibas a encompinchar segurito.
Pero yo no le pedí permiso a Edith para escribir sobre ella, así que lo dejo hasta aquí, pero tenía que decirte, Fedosy, que te perdiste de hablar con una mujer inteligente e irónica. Te perdiste de hablar con una poeta. Pero bueno, lo de poeta ya lo sabíamos. Ya la habíamos leído boquiabiertos.
No, Fedosy, no soy Edith. No me sé desdoblar. Aunque ella estaba contenta con eso: que siga creyendo que eres tú, me dijo riendo. Así que no se vale, para la próxima vienes.
Nos encontramos en el sitio de siempre, ya sabes, la dulcería zanahoria de Chacao -no me patrocina, insisto-. Edith estaba sola y leía. Era la única en todo el local que leía. Evidentemente era Edith, Fedosy, evidentemente era ella. Y no fuiste a conocerla. Por lo tanto no te pude presentar a Edith, Fedosy, no pude. Y te quedarás con esa duda de que soy yo. Y no lo soy. Yo no soy poeta, Fedosy. Te lo he repetido hasta el cansancio. Y ella sí, ella sí lo es.
Yo me senté al lado de Edith así tranquilaza, como si llevara conociéndola años. Y empecé atropelladamente a hablarle de mi cotidianidad, de mis cosas, de esta semana por ejemplo, esta semana loca, o de lo hermoso de un dios que estuvo de paso por Cartagena de Indias. Ella me ratificó que era un dios. Y sentí alivio. Así que era como si Edith y yo hubiésemos estudiado juntas desde preescolar, Fedosy, nos hubieras visto, conversando de conocidos y desconocidos y de amores y de desamores. Y no estabas allí para vernos como viejas amigas. Para encompincharte tú también. Porque te ibas a encompinchar segurito.
Pero yo no le pedí permiso a Edith para escribir sobre ella, así que lo dejo hasta aquí, pero tenía que decirte, Fedosy, que te perdiste de hablar con una mujer inteligente e irónica. Te perdiste de hablar con una poeta. Pero bueno, lo de poeta ya lo sabíamos. Ya la habíamos leído boquiabiertos.
No, Fedosy, no soy Edith. No me sé desdoblar. Aunque ella estaba contenta con eso: que siga creyendo que eres tú, me dijo riendo. Así que no se vale, para la próxima vienes.
martes, marzo 07, 2006
Mi amigo Carmelo
Hoy cumples años. 38 me dijiste. 38 bien vividos, lo sé. Hoy cumples años y me llamaste para decírmelo: Sabes, cumplo años. Y me pareció hermoso tu gesto de tenerme presente entre tus amigos para decirme eso, que cumples años, que me recuerdas.
A Carmelo lo conocí en los blogs. LLegó un día del año pasado y se instaló en mi computadora y me acompañó en ese dolor terrible que dio bienvenida a mis cuarenta años. Me dijo sana, sana, colita de rana. Se lo agradecí. Se lo agradezco. Me hizo reir. Me hizo sentirme muy muy muy bien. Vi que había alguien que entendía por los abismos por los que pasaba mi alma. Estuvo allí con una fortaleza y una humanidad que me sorprendieron y juro que me hubiera enamorado si no fuese porque él, con tanta lealtad y honestidad, me hubiese hablado miles de veces de su jeva. Terminé sintiendo que tenía un amigo al otro lado del océano, un amigo que entendía la dureza de mi momento amatorio, porque la vida también le había tirado sus coñazos, pero sabía ingeniárselas para salir de ellos y a la vez, como un salvavidas del alma, rescatar consigo a otros dolientes. Me hizo feliz esa relación. Ese venezolano a quien no conocía en persona pero que estaba conmigo a miles de kilómetros como si fuera aquí mismito. Aquí mismito. Juro que Carmelo tiene el alma generosa, noble, de pinga. Juro que todas las mujeres de la red lo quisimos.
Como te dije, Carmelo, ésta es una semana decisiva para mí. Con miedo y destrozada pero palante. Y de pronto me llamas y quisiera tomar un avión a Madrid y abrazarte y abrazarte duro la verdad y tomar un tren a alguna ciudad del sur de las que te gustan. Pero una ciudad a la que no hayas ido, donde no haya recuerdos, y sentarnos con un par de cervezas, como un par de viejos panas, a hablar más bien de cosas bonitas: de la Alhambra-palabra, del periodismo en el que creemos, de los libros a los que siempre vamos a volver. Cero historias de desgarres. Un par de panas en una mesa al aire libre viendo el atardecer.
Mi amigo Carmelo es atrevido, está lleno de humor y de ángeles. Cree y defiende con garra lo que cree. Es inteligente y es culto y tiene la palabra pulcra, directa. Hay en Carmelo sentido de la verdad. Hay en Carmelo sentido de la amistad.
FELIZ CUMPLEAÑOS
A Carmelo lo conocí en los blogs. LLegó un día del año pasado y se instaló en mi computadora y me acompañó en ese dolor terrible que dio bienvenida a mis cuarenta años. Me dijo sana, sana, colita de rana. Se lo agradecí. Se lo agradezco. Me hizo reir. Me hizo sentirme muy muy muy bien. Vi que había alguien que entendía por los abismos por los que pasaba mi alma. Estuvo allí con una fortaleza y una humanidad que me sorprendieron y juro que me hubiera enamorado si no fuese porque él, con tanta lealtad y honestidad, me hubiese hablado miles de veces de su jeva. Terminé sintiendo que tenía un amigo al otro lado del océano, un amigo que entendía la dureza de mi momento amatorio, porque la vida también le había tirado sus coñazos, pero sabía ingeniárselas para salir de ellos y a la vez, como un salvavidas del alma, rescatar consigo a otros dolientes. Me hizo feliz esa relación. Ese venezolano a quien no conocía en persona pero que estaba conmigo a miles de kilómetros como si fuera aquí mismito. Aquí mismito. Juro que Carmelo tiene el alma generosa, noble, de pinga. Juro que todas las mujeres de la red lo quisimos.
Como te dije, Carmelo, ésta es una semana decisiva para mí. Con miedo y destrozada pero palante. Y de pronto me llamas y quisiera tomar un avión a Madrid y abrazarte y abrazarte duro la verdad y tomar un tren a alguna ciudad del sur de las que te gustan. Pero una ciudad a la que no hayas ido, donde no haya recuerdos, y sentarnos con un par de cervezas, como un par de viejos panas, a hablar más bien de cosas bonitas: de la Alhambra-palabra, del periodismo en el que creemos, de los libros a los que siempre vamos a volver. Cero historias de desgarres. Un par de panas en una mesa al aire libre viendo el atardecer.
Mi amigo Carmelo es atrevido, está lleno de humor y de ángeles. Cree y defiende con garra lo que cree. Es inteligente y es culto y tiene la palabra pulcra, directa. Hay en Carmelo sentido de la verdad. Hay en Carmelo sentido de la amistad.
FELIZ CUMPLEAÑOS
lunes, marzo 06, 2006
las esposas de los ganadores del Oscar
Sonríen. Algunas lloran. Las enfocan las cámaras en primer plano. Se palpa su orgullo. Visten elegantes para la ocasión. Lentejuelas. Moño. Maquillaje retocado. Se sacan las cejas. Tacones altos -no se ven-. Caminan sobre la alfombra roja. Del brazo. En claro sentido de posesión. Este ganador es mío. Sólo yo lo veo en pelotas. Sólo yo le conozco las mañas. Se pinta el pelo.
Son bellas. Siempre son bellas. O quizás es la felicidad. La felicidad las embellece. Rubias, sobran las rubias. Alguna china. Alguna voluptuosa, muy voluptuosa, muy sensual, negra.
Todos los ganadores tienen pareja. Todos. Como en un arca de Noé.
Quizás nunca han pisado un escenario, un set. Seguramente no saben qué es un travelling. Quizás sí. Quizás están allí brindándoles café a todos. De todos modos de refilón les sale gala, les sale alfombra roja, les sale Oscar, le salen 5 segundos de fama en los televisores del mundo que pronto todos olvidan.
Sus esposos las nombran, siempre las nombran, desde lo alto del escenario, desde el micrófono, ante el mundo, cientos de millones de personas que ven su felicidad desde la pantalla, que quizás las envidien (bueno, ¿quién no quisiera ser la mujer de George Clooney?). Ellos les dicen I love you y ellas se sienten las mujeres más felices sobre el planeta Tierra. Las más seguras. Las que son, pues. Comerán rico esa noche en la cena de gala. Harán el amor bien entrada la madrugada. O quizás no. Quizás hay cansancio. O el agotamiento que da la cotidianidad, el tiempo.
Se desmaquillarán. Se quitarán el vestido largo que guardarán para el recuerdo. Y al día siguiente ¿cocinarán? ¿coletearán el piso de la sala? ¿llevarán a los carajitos al hight school? ¿discutirán con el galardonado porque puso ese Oscar atravesado en la mesita donde van las fotos? ¡coño, dejaste las medias regadas en el piso, acaso soy tu sirvienta!
O no. O serán felices. Una sonrisa eterna. Se saben amadas. Les dijeron I love you ante el mundo. Les dijeron I love you. Y qué importa. Qué importa al final que haya 600 millones de testigos. I love you en susurros.
Son bellas. Siempre son bellas. O quizás es la felicidad. La felicidad las embellece. Rubias, sobran las rubias. Alguna china. Alguna voluptuosa, muy voluptuosa, muy sensual, negra.
Todos los ganadores tienen pareja. Todos. Como en un arca de Noé.
Quizás nunca han pisado un escenario, un set. Seguramente no saben qué es un travelling. Quizás sí. Quizás están allí brindándoles café a todos. De todos modos de refilón les sale gala, les sale alfombra roja, les sale Oscar, le salen 5 segundos de fama en los televisores del mundo que pronto todos olvidan.
Sus esposos las nombran, siempre las nombran, desde lo alto del escenario, desde el micrófono, ante el mundo, cientos de millones de personas que ven su felicidad desde la pantalla, que quizás las envidien (bueno, ¿quién no quisiera ser la mujer de George Clooney?). Ellos les dicen I love you y ellas se sienten las mujeres más felices sobre el planeta Tierra. Las más seguras. Las que son, pues. Comerán rico esa noche en la cena de gala. Harán el amor bien entrada la madrugada. O quizás no. Quizás hay cansancio. O el agotamiento que da la cotidianidad, el tiempo.
Se desmaquillarán. Se quitarán el vestido largo que guardarán para el recuerdo. Y al día siguiente ¿cocinarán? ¿coletearán el piso de la sala? ¿llevarán a los carajitos al hight school? ¿discutirán con el galardonado porque puso ese Oscar atravesado en la mesita donde van las fotos? ¡coño, dejaste las medias regadas en el piso, acaso soy tu sirvienta!
O no. O serán felices. Una sonrisa eterna. Se saben amadas. Les dijeron I love you ante el mundo. Les dijeron I love you. Y qué importa. Qué importa al final que haya 600 millones de testigos. I love you en susurros.
miércoles, marzo 01, 2006
vendedores de paraguas
llueve
se cosechan en el centro de Caracas los vendedores de paraguas. generación espontánea. nacen en las aceras, se reproducen y mueren allí mismo, con el aguacero. los vendedores de paraguas aparecen de la nada, fantasmas del agua. ¿qué hacen el resto del tiempo, el resto del año, el resto de la vida, en el calor crujiente de la ciudad, los vendedores de paraguas? ¿dónde guardan sus abalorios? ¿miden el clima, meteorólogos del mercado? ¿o previsivos van siempre con sus paraguas a cuestas? el misterio jamás será revelado.
llueve y es el día de suerte de los vendedores de paraguas. paraguas a 5 mil. para parar el agua. llueve y son felices. bendicen las gotas.
llueve.
maldicen los heladeros.
es la vida. no complace a todo el mundo. por eso tiene tantos enemigos.
se cosechan en el centro de Caracas los vendedores de paraguas. generación espontánea. nacen en las aceras, se reproducen y mueren allí mismo, con el aguacero. los vendedores de paraguas aparecen de la nada, fantasmas del agua. ¿qué hacen el resto del tiempo, el resto del año, el resto de la vida, en el calor crujiente de la ciudad, los vendedores de paraguas? ¿dónde guardan sus abalorios? ¿miden el clima, meteorólogos del mercado? ¿o previsivos van siempre con sus paraguas a cuestas? el misterio jamás será revelado.
llueve y es el día de suerte de los vendedores de paraguas. paraguas a 5 mil. para parar el agua. llueve y son felices. bendicen las gotas.
llueve.
maldicen los heladeros.
es la vida. no complace a todo el mundo. por eso tiene tantos enemigos.
lunes, febrero 27, 2006
Contra Harry Potter
Mi hijo y yo fuimos a México en el año 2000. Una de las primeras cosas que hice fue entrar en una de las maravillosas librerías Ghandi. Compré Harry Potter -los dos primeros libros-, porque había leído mucho sobre Harry Potter y aún las novelas no se vendían en Venezuela. Empecé a leer las primeras páginas y me enganché. Pero no, hubo un coitus interruptus con la lectura. Mi hijo, en ese entonces de 11 años, leyó la primera página y me arrebató el libro. Hasta hoy es fan número 1.
Me gustaba de Potter la construcción del personaje, la magia, la invención de un mundo a través de lo que no se puede ver, la invención además de un mundo paralelo, imaginativo, audaz. Me gustaba el uso de personajes del imaginario maravilloso, de las leyendas y mitos europeos y asiáticos. Me gustaba el ritmo de la narración que no cansaba nunca. Me gustaba esa identificación que lograba en todos los niños, los siempre niños, los que lo somos a todas las edades.
Llegamos a Venezuela como principales publicistas de Potter. Incluso escribí el primer reportaje largo en la prensa venezolana sobre el éxito de esta serie de libros. Mi hijo se hizo su promotor en su colegio. Pero aún los libros no llegaban. Quizás uno o dos meses después lo hicieron. Pero la fiebre colectiva no fue tan inmediata, tardaría más o menos un año.
Ese fue el tiempo que tardé yo en aburrirme de Potter. Todo empezó cuando leí una entrevista sobre la autora. Ella contaba que había escrito la novela en servilletas en un café de no sé qué ciudad europea ¿Londres? Esa ficcionalización de la autora me dio luces sobre el fenómeno mediático. Después vino el gran parecido de Potter a muchas otras cosas, la extracción indiscriminada de situaciones de otros. Empecé a imaginar a una docena de escritores trabajando en un sótano para una gran industria creada llamada Rowling.
Por ese tiempo, 2001, fuimos a España y nos volvimos fanáticos de otro éxito editorial: Manolito Gafotas de Elvira LIndo. Me pareció más auténtico, más verdadero, más literario. Entonces entendí que no era el éxito lo que recriminaba de Potter, sino ese estar más del lado de allá de la industria que del lado de acá de la literatura.
Reconozco. Probablemente no más son celos. Los celos de no tener sus millones de lectores -aunque me encantan mis miles-. Y sus millones de dólares -ah, de esos sí que no tengo-.
Me gustaba de Potter la construcción del personaje, la magia, la invención de un mundo a través de lo que no se puede ver, la invención además de un mundo paralelo, imaginativo, audaz. Me gustaba el uso de personajes del imaginario maravilloso, de las leyendas y mitos europeos y asiáticos. Me gustaba el ritmo de la narración que no cansaba nunca. Me gustaba esa identificación que lograba en todos los niños, los siempre niños, los que lo somos a todas las edades.
Llegamos a Venezuela como principales publicistas de Potter. Incluso escribí el primer reportaje largo en la prensa venezolana sobre el éxito de esta serie de libros. Mi hijo se hizo su promotor en su colegio. Pero aún los libros no llegaban. Quizás uno o dos meses después lo hicieron. Pero la fiebre colectiva no fue tan inmediata, tardaría más o menos un año.
Ese fue el tiempo que tardé yo en aburrirme de Potter. Todo empezó cuando leí una entrevista sobre la autora. Ella contaba que había escrito la novela en servilletas en un café de no sé qué ciudad europea ¿Londres? Esa ficcionalización de la autora me dio luces sobre el fenómeno mediático. Después vino el gran parecido de Potter a muchas otras cosas, la extracción indiscriminada de situaciones de otros. Empecé a imaginar a una docena de escritores trabajando en un sótano para una gran industria creada llamada Rowling.
Por ese tiempo, 2001, fuimos a España y nos volvimos fanáticos de otro éxito editorial: Manolito Gafotas de Elvira LIndo. Me pareció más auténtico, más verdadero, más literario. Entonces entendí que no era el éxito lo que recriminaba de Potter, sino ese estar más del lado de allá de la industria que del lado de acá de la literatura.
Reconozco. Probablemente no más son celos. Los celos de no tener sus millones de lectores -aunque me encantan mis miles-. Y sus millones de dólares -ah, de esos sí que no tengo-.
sábado, febrero 25, 2006
dardos
láncenme los dardos,
las puñaladas, los coñazos,
las flechas, las balas,
jálenme las orejas, tírenme una
buena tanda de golpes...
eso sí con inteligencia,
con mucha elegancia,
sin errores de ortografía,
en perfecto castellano,
y también, por supuesto, siempre, siempre y más, recibiré los abrazos que sé que vendrán, esas caricias pertinentes,
pero también los coñazos, los gritos, los atropellos, las puñaladas traperas, los dardos, los dardos.
Aquí se viene a batallar, señores, aquí estamos para los temas candela, para los incendios, para las pasiones que se encuentran, para la desobediencia, para la disidencia, para confrontarnos, para aplaudirnos y negarnos, para equivocarnos también, para equivocarnos. (y para querernos, obvio, para querernos). y para respetarnos, que el respeto también es cosa de inteligentes y buenos arqueros.
lancen sus dardos.
y sus abrazos.
viernes, febrero 24, 2006
de los entremetimientos y desmesuras
(reconozco que sí, que está escrito con rabia, y prometo ser en los próximos días menos pasional, y ponerme igualita a ese escritor que nos mira por encima a todos y que no contesta ni un sólo comment, porque él está algo así como en las alturas y nosotros somos el soberano)
Un blog no es una competencia de talentos, no es una carrera de sacos, no es el calvario donde nos exponemos a la crucifixión. Un blog no es la gran obra literaria que cambiará el destino del mundo. Un blog no es un juicio. No es el sitio para decir qué tan buenos somos o qué tan malos somos en la vida. NO es el lugar para ponernos en un racking de humanidad. Un blog es un espacio íntimo que se abre a otros. Es muchas veces un borrador. Es un juego de chamos. Es un divertimento. Es un lugar para compartir, con respeto eso sí, para entrar y agradecernos de ese regalo de privacidad del que nos están permitiendo participar.
Hay blogs claramente establecidos para la confrontación política, los hay absolutamente especializados en materia tecnológica, los encuentras privadísimos algunos, los hay sexuales, los hay malucos, los hay también que muestran la palabra literaria. Y de alguna manera, sin que nadie lo diga, cada blog tiene un código de entrada. Es absurdo que a un blog de tecnología lo juzguemos porque no es poético, o que le pidamos mesura a un blog claramente político, o que le pidamos escualidismo a un blog chavista, o exijamos peras al olmo. Cada blog es una lectura libre que nos ofrecen en cortesía, así que es lógico -cuestión de urbanidad diría Carreño- acceder en nuestros comentarios con un tono similar. Loco es que al blog de un anciano le exijamos que nos hable de discotecas, o que al blog de un niño le obliguemos enviar informe sesudo del movimiento de la bolsa de valores, o que a la señora seria le llamemos mamita rica.
¿Y a qué viene a cuento? Fedosy nos regala en su blog fedosysantaella.blogspot.com un poema a su hijo, abre las puertas de su casa, quizás del cuarto del niño, de la cuna, para mostrarnos una íntima canción que entrega a su pequeño, quizás la que sólo han escuchado el bebecito y su esposa cuando van a un parque o a la playa o a la casa de los abuelos. Es más, nos muestra la foto de su hermoso chiquillo, en sus primeros pasos, nos enternece con su pasión de ser papá. Nadie ve más pretensiones que ésas, el código de lectura es uno: hay un papá y un bebé y un momento de comunión entre ambos del que somos testigos de honores. Pero entonces Dr. Protheus, uno de los lectores, sale con una suerte de crítica literaria inexplicable: NO me gusta. COmo quien critica a la madre que canta la nana porque nos parece que desafina y que no es una soprano, como quien raspa el dibujo de un niño porque pintó las nubes de verde. Y puede no haberle gustado a Protheus el texto (que como le escribí, evidentemente no tiene pretensiones de ser el Ulises o de ganarse el premio Rómulo Gallegos) pero es absurdo que haya salido a criticar algo que no es más que un regalo de un padre a un hijo. ¿Cómo vas a decir: mire señor el regalo a su hijo no me gusta? ¿Quién es uno para entremeterse en eso? Es como si el vecino del 9 le dijera al niño del 7 que bien chimba la bicicleta que le regaló San Nicolás, o la vecina del 18 le dijera a la adolescente del 12 pero te estás poniendo tan gorda como tu mamá, a ver si haces algo. Es quizás lo que llaman imprudencia. Y desmesura. Una cosa es hacer una crítica literaria a algo que está pidiendo de anteojito crítica literaria, otra cosa es invadir un momento hermoso y ensuciarlo de grasa.
Saldrá alguien y dirá: a esta no le gustan las críticas. Sí, si me gustan. Pero una cosa es una crítica y otra una intromisión, un irrespeto. ¿A usted le gustaría que se burlaran de la foto de su mamá porque tiene bigote? ¿a quién le gustaría que le criticaran al niño por las orejas grandes? Es invasión. Es pasarse de tono. Y punto.
Un blog no es una competencia de talentos, no es una carrera de sacos, no es el calvario donde nos exponemos a la crucifixión. Un blog no es la gran obra literaria que cambiará el destino del mundo. Un blog no es un juicio. No es el sitio para decir qué tan buenos somos o qué tan malos somos en la vida. NO es el lugar para ponernos en un racking de humanidad. Un blog es un espacio íntimo que se abre a otros. Es muchas veces un borrador. Es un juego de chamos. Es un divertimento. Es un lugar para compartir, con respeto eso sí, para entrar y agradecernos de ese regalo de privacidad del que nos están permitiendo participar.
Hay blogs claramente establecidos para la confrontación política, los hay absolutamente especializados en materia tecnológica, los encuentras privadísimos algunos, los hay sexuales, los hay malucos, los hay también que muestran la palabra literaria. Y de alguna manera, sin que nadie lo diga, cada blog tiene un código de entrada. Es absurdo que a un blog de tecnología lo juzguemos porque no es poético, o que le pidamos mesura a un blog claramente político, o que le pidamos escualidismo a un blog chavista, o exijamos peras al olmo. Cada blog es una lectura libre que nos ofrecen en cortesía, así que es lógico -cuestión de urbanidad diría Carreño- acceder en nuestros comentarios con un tono similar. Loco es que al blog de un anciano le exijamos que nos hable de discotecas, o que al blog de un niño le obliguemos enviar informe sesudo del movimiento de la bolsa de valores, o que a la señora seria le llamemos mamita rica.
¿Y a qué viene a cuento? Fedosy nos regala en su blog fedosysantaella.blogspot.com un poema a su hijo, abre las puertas de su casa, quizás del cuarto del niño, de la cuna, para mostrarnos una íntima canción que entrega a su pequeño, quizás la que sólo han escuchado el bebecito y su esposa cuando van a un parque o a la playa o a la casa de los abuelos. Es más, nos muestra la foto de su hermoso chiquillo, en sus primeros pasos, nos enternece con su pasión de ser papá. Nadie ve más pretensiones que ésas, el código de lectura es uno: hay un papá y un bebé y un momento de comunión entre ambos del que somos testigos de honores. Pero entonces Dr. Protheus, uno de los lectores, sale con una suerte de crítica literaria inexplicable: NO me gusta. COmo quien critica a la madre que canta la nana porque nos parece que desafina y que no es una soprano, como quien raspa el dibujo de un niño porque pintó las nubes de verde. Y puede no haberle gustado a Protheus el texto (que como le escribí, evidentemente no tiene pretensiones de ser el Ulises o de ganarse el premio Rómulo Gallegos) pero es absurdo que haya salido a criticar algo que no es más que un regalo de un padre a un hijo. ¿Cómo vas a decir: mire señor el regalo a su hijo no me gusta? ¿Quién es uno para entremeterse en eso? Es como si el vecino del 9 le dijera al niño del 7 que bien chimba la bicicleta que le regaló San Nicolás, o la vecina del 18 le dijera a la adolescente del 12 pero te estás poniendo tan gorda como tu mamá, a ver si haces algo. Es quizás lo que llaman imprudencia. Y desmesura. Una cosa es hacer una crítica literaria a algo que está pidiendo de anteojito crítica literaria, otra cosa es invadir un momento hermoso y ensuciarlo de grasa.
Saldrá alguien y dirá: a esta no le gustan las críticas. Sí, si me gustan. Pero una cosa es una crítica y otra una intromisión, un irrespeto. ¿A usted le gustaría que se burlaran de la foto de su mamá porque tiene bigote? ¿a quién le gustaría que le criticaran al niño por las orejas grandes? Es invasión. Es pasarse de tono. Y punto.
miércoles, febrero 22, 2006
la visita
Me gusta que me visiten. Y me gusta visitar. Me encanta abrir la puerta, tener los muebles dispuestos para la gente querida, las cervecitas frías, los refrescos pa los chamos (y el cuarto lleno de juguetes), la torta que yo hago. Me gusta hacer pasapalos y que me los alaben, mostrar mis fotos, mis cuadros, los álbumes escritos -suerte de diarios con imágenes y dibujos- de cuando mis carajitos eran más carajitos. Me encantaría además, por eso mismo, tener una casa grande con patio para todos los días del mundo tener gente querida e invitarle café y buena conversa. Pero bueno, igual abro de par en par las rejas de mi apartamentico para quien quiera venir, aunque no vengan muchos. Mi hija es feliz con amigos jugando en el cuarto. Mi hijo también es feliz mientras lo dejen en paz y no le digan caramba, pero qué grande estás.
Por eso también me gustan los blogs. Estas casas virtuales de puertas siempre abiertas. Porque aquí a uno lo visitan y hace la visita. Porque aquí no hay rejas ni cerraduras. Porque te metes y te sientas y hay salas cálidas donde el dueño te ofrece café y hay casas que te gustan y te tientan pero el dueño ni siquiera te invita a tomar a siento, como si fueras un fantasma, invisible e inútil en su salón. Y hay bares y discotecas. Y hay unos que son cuartos de bombillo rojísimo y música suave, y otros están llenos de telarañas. Unos visten de decorado cuidadísimo, otros que ya son sólo polvo. Hay casas donde te quedarías de visita unas horas, otras apenas un minuto, en otras te instalarías. En unas te esperan, en otras ni te quieren ver. Hay casas que te espantan con el sólo nombre, otras son como serpientes, te engatusan, te quedaste para siempre. Hay espacios que no te interesan en lo más mínimo aunque tengan miles de otros visitantes, otros, por Dios, otros son los imprescindibles (Bertold Brecht). Hay casas en las que eres protagonista, personaje público, invitado especial, pana del alma; en otras estás de más, hay viviendas virtuales que son como mansiones, ver pero no tocar, cuidado me rompes el jarrón chino de palabras. Intimidan. En cambio otras son como esas casitas de pueblo donde siempre habrá un colchón y un plato de sopa para ti. El mío es una pensión, un prostíbulo, una heladería abierta de par en par. Es una comuna. Una cooperativa -si usamos el léxico actual-. Un parque donde sí se permiten patear pelotas. Aquí cabemos. Siempre habrá un vaso de agua, aunque la nevera esté vacía.
Por eso también me gustan los blogs. Estas casas virtuales de puertas siempre abiertas. Porque aquí a uno lo visitan y hace la visita. Porque aquí no hay rejas ni cerraduras. Porque te metes y te sientas y hay salas cálidas donde el dueño te ofrece café y hay casas que te gustan y te tientan pero el dueño ni siquiera te invita a tomar a siento, como si fueras un fantasma, invisible e inútil en su salón. Y hay bares y discotecas. Y hay unos que son cuartos de bombillo rojísimo y música suave, y otros están llenos de telarañas. Unos visten de decorado cuidadísimo, otros que ya son sólo polvo. Hay casas donde te quedarías de visita unas horas, otras apenas un minuto, en otras te instalarías. En unas te esperan, en otras ni te quieren ver. Hay casas que te espantan con el sólo nombre, otras son como serpientes, te engatusan, te quedaste para siempre. Hay espacios que no te interesan en lo más mínimo aunque tengan miles de otros visitantes, otros, por Dios, otros son los imprescindibles (Bertold Brecht). Hay casas en las que eres protagonista, personaje público, invitado especial, pana del alma; en otras estás de más, hay viviendas virtuales que son como mansiones, ver pero no tocar, cuidado me rompes el jarrón chino de palabras. Intimidan. En cambio otras son como esas casitas de pueblo donde siempre habrá un colchón y un plato de sopa para ti. El mío es una pensión, un prostíbulo, una heladería abierta de par en par. Es una comuna. Una cooperativa -si usamos el léxico actual-. Un parque donde sí se permiten patear pelotas. Aquí cabemos. Siempre habrá un vaso de agua, aunque la nevera esté vacía.
domingo, febrero 19, 2006
blogueo
¿Somos una secta o una red? ¿Nos leemos siempre los mismos cuatro gatos y nos miramos el ombligo unos a otros, como si buscáramos, narcisos, en el espejo el reflejo de nosotros mismos? ¿o buscamos ese otro distinto para confrontarnos en el ring? ¿o somos una cadena de asociaciones y compartimientos? ¿o tiene esto el aire de club social, de toqueteos bajo la mesa, de manitas indiscretas, de secreto a voces?
¿Por qué uno visita a alguien y ese alguien nunca lo visita a uno? ¿Por qué nos visitan y nosotros no nos interesamos en devolver el saludo? ¿Por qué alguien entra y no viene más? ¿Por qué en cambio aquel otro que sólo pensaba hacer una corta visita se queda enchufado en unas letras? ¿Por qué éste entra y no habla, se sostiene anónimo a ser simple espectador del goce de otros? ¿Por qué a otros los queremos conocer inevitablemente? ¿Por qué incluso hemos hecho amistades?
¿Qué veo en estas letras que no veo en aquellas si al fin y al cabo todos usamos el mismo lenguaje, el mismo castellano aprendido de los mismos abecedarios? ¿Cuáles almas nos conmueven y cuáles no si todos somos genéticamente humanos? ¿Por qué juzgamos unas brillantes, otras asertivas, otras básicas, otras banales? ¿Por qué queremos estas letras, detestamos las otras, envidiamos las de más allá? ¿Por qué aseguramos que éste es principiante, éste, aficionado; éste, escribidor; éste, escritor; éste, ESCRITOR, si la lengua es la misma, el medio el mismo, la distancia la misma, la libertad la misma?
¿qué nos ata? ¿qué nos vicia? ¿qué nos pervierte? ¿qué nos enamora?
son letras, pura matemática: a + b + c...
¿Por qué uno visita a alguien y ese alguien nunca lo visita a uno? ¿Por qué nos visitan y nosotros no nos interesamos en devolver el saludo? ¿Por qué alguien entra y no viene más? ¿Por qué en cambio aquel otro que sólo pensaba hacer una corta visita se queda enchufado en unas letras? ¿Por qué éste entra y no habla, se sostiene anónimo a ser simple espectador del goce de otros? ¿Por qué a otros los queremos conocer inevitablemente? ¿Por qué incluso hemos hecho amistades?
¿Qué veo en estas letras que no veo en aquellas si al fin y al cabo todos usamos el mismo lenguaje, el mismo castellano aprendido de los mismos abecedarios? ¿Cuáles almas nos conmueven y cuáles no si todos somos genéticamente humanos? ¿Por qué juzgamos unas brillantes, otras asertivas, otras básicas, otras banales? ¿Por qué queremos estas letras, detestamos las otras, envidiamos las de más allá? ¿Por qué aseguramos que éste es principiante, éste, aficionado; éste, escribidor; éste, escritor; éste, ESCRITOR, si la lengua es la misma, el medio el mismo, la distancia la misma, la libertad la misma?
¿qué nos ata? ¿qué nos vicia? ¿qué nos pervierte? ¿qué nos enamora?
son letras, pura matemática: a + b + c...
viernes, febrero 17, 2006
Censura colegial ("eso no se dice", aunque todos lo digan)
Mi hija escribió un cuento de malandros. Un cuento de la calle. Un cuento cuyos protagonistas son delincuentes. La maestra lo vio y pegó el grito en el cielo. Tratando de copiar la realidad fielmente, mi hija transcribe un diálogo entre los malandros en el que uno le dice al otro: "Mira marico, vamos a tomarnos unas cervezas". La docente corrigió y sustituyó palabras, fiel a unas normas que no existen en ninguna parte: "Mira bobo vamos a tomarnos unas cervezas". La otra sustitución también se hizo en la descripción. La niña muestra una pared en la que hay un grafitti con la palabra PUTA. La educadora decidió que era más conveniente algo así como la palabra TONTA. Mi hija se enfureció: "La gente no habla así, ni siquiera los niños de mi salón hablan así, es ridículo, nadie va a creer que unos tipos se digan uno a otro "bobo", nadie habla así". Y siguió defendiendo su obra realista: "Y en la calle, maestra, ¿no ha visto los grafittis de la calle? ¿No ha visto lo que dicen?" Parece que la maestra no supo qué responder, pero igual censuró las palabras "groseras". Ejerció el poder. Aunque éste anule la verdad.
(pero nosotros lo sabemos y se lo dije: apenas llegue con el cuaderno a casa le ponemos las palabras originales, que aquí sí creeemos en la libertad, aunque ésta venga con groserías incluidas).
(pero nosotros lo sabemos y se lo dije: apenas llegue con el cuaderno a casa le ponemos las palabras originales, que aquí sí creeemos en la libertad, aunque ésta venga con groserías incluidas).
jueves, febrero 16, 2006
El arte de lanzar huevos y romper pupitres
Petare estuvo convulsionado ayer. Los estudiantes protagonizaron una jornada de disturbios, de destrozos, de coñazas. Algunos, los más débiles -siempre los más débiles- , terminaron con golpes, contusiones y sangre y tuvieron que parar en el hospital Pérez de León. Los alumnos de un liceo se metieron en otro para caer a huevazo limpio al que se atravesara, para romper puertas y pupitres; después, los estudiantes de ese segundo liceo se fueron a un tercero y jugaron al tiro al blanco lanzándoles piedras a los jóvenes atrapados adentro. La policía lanzó bombas lacrimógenas. Todo era caos. Se suspendieron las clases.
En algún momento pensé entusiasmada que los estudiantes se alzaron, que los estudiantes, qué se yo, decidieron protestar por la mala calidad de la educación, por la estructura deplorable de sus centros de estudio, por la falta de materiales, por la necesidad de laboratorios, o quizás más allá, por la situación política -a favor o en contra de las autoridades-, contra el estado de cosas. Incluso, mucho mejor, contra la desigualdad del mundo, contra el hambre, contra las guerras.
Y no. Banales. Desperdiciaron furia. Desperdiciaron juventud. Desperdiciaron rebeldía. Incluso desperdiciaron fuerza, empuje, ganas. Protestaban simplemente porque querían adelanto de carnavales, vacaciones, porque querían manguarear. Tristes, pobres, motivos.
En algún momento pensé entusiasmada que los estudiantes se alzaron, que los estudiantes, qué se yo, decidieron protestar por la mala calidad de la educación, por la estructura deplorable de sus centros de estudio, por la falta de materiales, por la necesidad de laboratorios, o quizás más allá, por la situación política -a favor o en contra de las autoridades-, contra el estado de cosas. Incluso, mucho mejor, contra la desigualdad del mundo, contra el hambre, contra las guerras.
Y no. Banales. Desperdiciaron furia. Desperdiciaron juventud. Desperdiciaron rebeldía. Incluso desperdiciaron fuerza, empuje, ganas. Protestaban simplemente porque querían adelanto de carnavales, vacaciones, porque querían manguarear. Tristes, pobres, motivos.
martes, febrero 14, 2006
el amor (advertencia: texto cursi, muy cursi, abstenerse enamorados)
para Luis Carlos que me pregunta en un post si escribiré hoy sobre este tema
A pesar de todo, a pesar del día de los enamorados, a pesar de que existan rosas y poemas rosas, a pesar de que existan corazones rojos que laten, y chocolates haciendo de corazones (si no hay corazones, da lo mismo), y globitos de corazones (aunque no se coman), y tarjeticas con alguna frase que incluya rosas y corazones (muchos corazones), a pesar de los peluches y los lazos y los cuchicuchis y los mimos y el vinito tinto en el restaurant caro y repleto, a pesar de la industria de los enamorados y a pesar pues de los mismos enamorados, a pesar de todo eso pues, sin todo lo antes expuesto, desnudo, en pelotas, sin marca de fábrica, creo que existe el amor, o algo parecido a eso que no se envuelve en regalo y que se escabulle de la fiesta. Le gusta el bajo perfil. La privacidad. Pasar desapercibido hoy. Qué va, dice, ante el acoso publicitario. No quiere que lo entrevisten. Grita Auxilio. Que lo dejen tranquilo. Es un amargado el amor. Bueno, a cualquiera lo molesta ser confundido con copias en serie. Clones sin identidad. Tantas cosas no se parecen al amor (lo sabe) y quieren serlo a fuerza de maquinaria.
Allá se ha escondido, bajo la cama (o sobre ella y bien acompañado). Pobre. Que pase rápido este día, dice. Lo celebramos mañana.
A pesar de todo, a pesar del día de los enamorados, a pesar de que existan rosas y poemas rosas, a pesar de que existan corazones rojos que laten, y chocolates haciendo de corazones (si no hay corazones, da lo mismo), y globitos de corazones (aunque no se coman), y tarjeticas con alguna frase que incluya rosas y corazones (muchos corazones), a pesar de los peluches y los lazos y los cuchicuchis y los mimos y el vinito tinto en el restaurant caro y repleto, a pesar de la industria de los enamorados y a pesar pues de los mismos enamorados, a pesar de todo eso pues, sin todo lo antes expuesto, desnudo, en pelotas, sin marca de fábrica, creo que existe el amor, o algo parecido a eso que no se envuelve en regalo y que se escabulle de la fiesta. Le gusta el bajo perfil. La privacidad. Pasar desapercibido hoy. Qué va, dice, ante el acoso publicitario. No quiere que lo entrevisten. Grita Auxilio. Que lo dejen tranquilo. Es un amargado el amor. Bueno, a cualquiera lo molesta ser confundido con copias en serie. Clones sin identidad. Tantas cosas no se parecen al amor (lo sabe) y quieren serlo a fuerza de maquinaria.
Allá se ha escondido, bajo la cama (o sobre ella y bien acompañado). Pobre. Que pase rápido este día, dice. Lo celebramos mañana.
viernes, febrero 10, 2006
Manual (gallísimo) de maldad
Para la Rusita, que quiere ser mala y no puede
Los buenos, unidos en frente antipendejeado, han elaborado el siguiente manual, apto para aquellos miembros del club que quieran pasarse al bando de los malucos.
Aclaratoria: hecho por buenos, este documento puede pasar por gallo para aquellos auténticos practicantes de la maldad.
1.-Písele la cola al gato. Preferiblemente a uno que esté dormido. Que no sea negro, da mala suerte. Y en el parque del este, por favor, tírele vasos a las nutrias para que se atraganten, lánceles piedras a los monos para jugar con ellos al tiro al blanco.
2.-Móntese en el ascensor haciendo sobrepeso. Echelo a perder. Preferiblemente si en el edificio hay viejitas en sillas de ruedas y mamás embarazadas. Que se jodan. Es más, lance harina en los pasillos. Nada causa mayor placer que ver a un carajito ajeno cayéndose por las escaleras.
3.-Haga una rumba a las tres de la mañana. La música a todo volumen. Escoja un domingo, que el lunes hay trabajo para los demás o elija el momento en que alguno de sus vecinos esté bien enfermo. Recuerde: reagetton. Tú eres mi cachorrita, mamá. Y repetido.
4.-Echele los perros a la mejor amiga o amigo de su pareja. Aunque no le guste, aunque sea más feo (a) que el carajo. Sólo pruébelo. Resultados de maluquería extrema garantizados. Ya sabe, rosas, llamadas indiscretas, manos bajo la mesa.
5.- No le dé de ninguna forma plata a ese limosnero. Quítele más bien ese billetico de 500. Preferiblemente que le falte una pierna. Ojo con los ciegos, que corren más que el carrizo y tienen bastón para meter coñazos.
6.-Láncese en el carro sifrinísimo a 300 kilómetros por hora a eso de las 5 de la mañana. En pique. Esperemos, sí, que se atraviese algún recien levantado que aspiraba llegar temprano al trabajo. La maldad quedará redondita -y sin cárcel- si tiene 200 mil bolos a mano pa darle al fiscal de tránsito.
7.-Hable en el cine. Mucho, plis. Cuéntele su vida a su compañero de asiento o sino llame a su novia -o a la amiga de su esposa, que es lo mismo- por el celular. Funciona más si lo hace en una sala de arte y la película es francesa. Goce el Shhhhhhhhhhhhhhh. Pero no se detenga.
8.-Procure estar siempre al mando. Procure tener bajo su disposición secretarias a quienes hacer trabajar sobretiempo, obreros a quienes pagarle menos de lo que le alcanza. En fin, subalternos. Y ya sabe, que le limpie los zapatos ese ingeniero suma cum laude; que piense por usted ese quince y último graduado en la central. Encuentre siempre cualquier excusa para evitar el ascenso de otro. Atropelle bajo cuerda.
9.- Usted nunca jamás tiene la culpa. El malo siempre es el otro. No olvide estrategias para culpar al vecino por lo de la harina en el pasillo o para culpar a la amiga o amigo de su pareja de sus acosos. Y en el trabajo ud. pone las zancadillas pero no olvide tener a la mano siempre un potencial culpable -preferiblemente el que tenga más cara de bolsa-.
10.- Y como a ser maluco se empieza desde chamito, enséñele a sus hijos a burlarse de los dientes volados de esa compañerita, a halarle las trenzas a aquella otra, a robarle el celular al de más allá y a engañar a la maestra comprándole una manzana (envenenada).
(Ahora bien, Rusita, ¿nos convertiremos en unas buenas malvadas con este instructivo?)
Los buenos, unidos en frente antipendejeado, han elaborado el siguiente manual, apto para aquellos miembros del club que quieran pasarse al bando de los malucos.
Aclaratoria: hecho por buenos, este documento puede pasar por gallo para aquellos auténticos practicantes de la maldad.
1.-Písele la cola al gato. Preferiblemente a uno que esté dormido. Que no sea negro, da mala suerte. Y en el parque del este, por favor, tírele vasos a las nutrias para que se atraganten, lánceles piedras a los monos para jugar con ellos al tiro al blanco.
2.-Móntese en el ascensor haciendo sobrepeso. Echelo a perder. Preferiblemente si en el edificio hay viejitas en sillas de ruedas y mamás embarazadas. Que se jodan. Es más, lance harina en los pasillos. Nada causa mayor placer que ver a un carajito ajeno cayéndose por las escaleras.
3.-Haga una rumba a las tres de la mañana. La música a todo volumen. Escoja un domingo, que el lunes hay trabajo para los demás o elija el momento en que alguno de sus vecinos esté bien enfermo. Recuerde: reagetton. Tú eres mi cachorrita, mamá. Y repetido.
4.-Echele los perros a la mejor amiga o amigo de su pareja. Aunque no le guste, aunque sea más feo (a) que el carajo. Sólo pruébelo. Resultados de maluquería extrema garantizados. Ya sabe, rosas, llamadas indiscretas, manos bajo la mesa.
5.- No le dé de ninguna forma plata a ese limosnero. Quítele más bien ese billetico de 500. Preferiblemente que le falte una pierna. Ojo con los ciegos, que corren más que el carrizo y tienen bastón para meter coñazos.
6.-Láncese en el carro sifrinísimo a 300 kilómetros por hora a eso de las 5 de la mañana. En pique. Esperemos, sí, que se atraviese algún recien levantado que aspiraba llegar temprano al trabajo. La maldad quedará redondita -y sin cárcel- si tiene 200 mil bolos a mano pa darle al fiscal de tránsito.
7.-Hable en el cine. Mucho, plis. Cuéntele su vida a su compañero de asiento o sino llame a su novia -o a la amiga de su esposa, que es lo mismo- por el celular. Funciona más si lo hace en una sala de arte y la película es francesa. Goce el Shhhhhhhhhhhhhhh. Pero no se detenga.
8.-Procure estar siempre al mando. Procure tener bajo su disposición secretarias a quienes hacer trabajar sobretiempo, obreros a quienes pagarle menos de lo que le alcanza. En fin, subalternos. Y ya sabe, que le limpie los zapatos ese ingeniero suma cum laude; que piense por usted ese quince y último graduado en la central. Encuentre siempre cualquier excusa para evitar el ascenso de otro. Atropelle bajo cuerda.
9.- Usted nunca jamás tiene la culpa. El malo siempre es el otro. No olvide estrategias para culpar al vecino por lo de la harina en el pasillo o para culpar a la amiga o amigo de su pareja de sus acosos. Y en el trabajo ud. pone las zancadillas pero no olvide tener a la mano siempre un potencial culpable -preferiblemente el que tenga más cara de bolsa-.
10.- Y como a ser maluco se empieza desde chamito, enséñele a sus hijos a burlarse de los dientes volados de esa compañerita, a halarle las trenzas a aquella otra, a robarle el celular al de más allá y a engañar a la maestra comprándole una manzana (envenenada).
(Ahora bien, Rusita, ¿nos convertiremos en unas buenas malvadas con este instructivo?)
jueves, febrero 09, 2006
soy un angelito empantanado
Soy sí, un angelito empantanado (como diría mi admirado escritor colombiano Andrés Caicedo), un angelito de arrabal, de burdel, de la mala vida. Un angelito patas arriba. Un angelito con las alas desprendidas, que no se sabe las oraciones, que se baja de esa nube. Un angelito, sí señor, vanidoso y echón que hace más de un ping al día para que lo lea un montón de gente, que revisa su puesto en Blogalaxia, porque escribir es lo que más le gusta en la vida a este angelito con el diablo (el diablog) por dentro, y recibir feedback es parte del maravilloso arte de escribir, que es más inmediato gracias a Internet. Bien lo dijo Garcìa Márquez (ese àngel de alas enormes): Escribo para que me quieran. Estoy clara, es así. Me desnudo desde la palabra, a dios gracias por ese don. Soy sí, angelito que quiere lectores para engrandecerse el ego. Y más: para sentir el afecto, el afecto que también tengo en mis amigos del trabajo y de la vida. Porque es eso, quizás porque la familia de este angelito es tan pero tan chiquita -no me donó la vida con muchos parientes- pues mi familia se me amplía desde la amistad.
Soy además angelito de quince y último, angelito que pasa desapercibido en el Sambil, angelito que no va a peluquerìas, angelito que anda medio pelando pero de pronto decide comprarse una falda de flores, angelito a quien le encantan sus hijos y que es como hermana de sus hijos y que sus hijos ya ni ven como mamá sino como adolescente y eso educativamente hablando es lo menos parecido a ser "madre sabia" -que suena más protocolar y correcto que el desorden en que vive este angelito-, angelito que tiene que cuidar a su mamá no porque sea "hija abnegada" ni mucho menos (a nadie lo prepararon psicológicamente para cambiar pañales al progenitor) sino porque es simple y llanamente hija única y no tiene con quien compartir la carga y tampoco es tan plasta de mierda como para no asumir ese rollo. Aunque lo sea un poco, aunque este angelito -como todos los buenos- tiene su plasta de mierda agazapado.
Soy un angelito que no está buscando más que comunicarse a través de este blog, porque le hace divertirse un montón, porque le acompaña (así como la acompaña este pana con quien se tomó dos cervezas hace poquitos días o este otro pana escritor con quien comparte proyectos), porque desde el blog se ha conseguido a montón de otros angelitos bien de pinga con quienes tomarse un café -virtual o cremosito en la Danubio-. Soy un angelito que no está buscando novio por este blog, que conste, por si a las moscas y que quede sellado y firmado por notario. Soy un angelito que no se està vendiendo como un ángel para un ningún príncipe. Zape gato. Funcionan las amistades por Internet, pero no los amores, no los amores. Soy un angelito que -cónchole, qué problema, a todos nos gustan los dramas- no quiere estar triste aunque todo le haya caido de zopetón como si dios quisiera echarle una vaina para confirmar si se merece el cielo. Y no se lo merece. Este angelito queda mejor en el infierno. Entre el calor y la rumba. Además me da la impresión de que en el cielo se llora más. En el infierno no hay tiempo. Ni en la Caracas contemporánea -parecidísima al infierno- tampoco.
(para el anónimo mi amigo que me imagina llorando por los rincones)
Soy además angelito de quince y último, angelito que pasa desapercibido en el Sambil, angelito que no va a peluquerìas, angelito que anda medio pelando pero de pronto decide comprarse una falda de flores, angelito a quien le encantan sus hijos y que es como hermana de sus hijos y que sus hijos ya ni ven como mamá sino como adolescente y eso educativamente hablando es lo menos parecido a ser "madre sabia" -que suena más protocolar y correcto que el desorden en que vive este angelito-, angelito que tiene que cuidar a su mamá no porque sea "hija abnegada" ni mucho menos (a nadie lo prepararon psicológicamente para cambiar pañales al progenitor) sino porque es simple y llanamente hija única y no tiene con quien compartir la carga y tampoco es tan plasta de mierda como para no asumir ese rollo. Aunque lo sea un poco, aunque este angelito -como todos los buenos- tiene su plasta de mierda agazapado.
Soy un angelito que no está buscando más que comunicarse a través de este blog, porque le hace divertirse un montón, porque le acompaña (así como la acompaña este pana con quien se tomó dos cervezas hace poquitos días o este otro pana escritor con quien comparte proyectos), porque desde el blog se ha conseguido a montón de otros angelitos bien de pinga con quienes tomarse un café -virtual o cremosito en la Danubio-. Soy un angelito que no está buscando novio por este blog, que conste, por si a las moscas y que quede sellado y firmado por notario. Soy un angelito que no se està vendiendo como un ángel para un ningún príncipe. Zape gato. Funcionan las amistades por Internet, pero no los amores, no los amores. Soy un angelito que -cónchole, qué problema, a todos nos gustan los dramas- no quiere estar triste aunque todo le haya caido de zopetón como si dios quisiera echarle una vaina para confirmar si se merece el cielo. Y no se lo merece. Este angelito queda mejor en el infierno. Entre el calor y la rumba. Además me da la impresión de que en el cielo se llora más. En el infierno no hay tiempo. Ni en la Caracas contemporánea -parecidísima al infierno- tampoco.
(para el anónimo mi amigo que me imagina llorando por los rincones)
sueño
Uno aquí, tratando de reajustar su realidad. Y echándole piernas. Uno aquí, a sabiendas de que es difícil, es verdad, pero uno aquí lo intenta y las cosas están saliendo, poco a poco, las dificultades se van superando e incluso se tiene la impresión de que hasta los problemas económicos se resolverán en cualquier momento. Uno aquí, incluso con la sonrisota. "Tienes buen ánimo, excelente humor", me dice alguien y de pronto descubro eso en mí, esa capacidad de autosanación, esas ganas.
Entonces, una noche (ayer, para ser exactos) uno se echa a dormir (uno inocente ahí, se deja vencer por el cansancio, confiando en la solidaridad de la almohada) y viene, sin uno pedirlo, un sueño que te hace disentir, entristecerte y darte cuenta (consciente y mucho) de que este sueño no será realidad y uno se pregunta para qué diablos, si no lo es, si no hay la más mínima posibilidad de que lo sea, aparece el sueño, la imagen, como si la hubiesen comprado en una tienda para meterla en tu sueño y darte de cachetadas. ¿Será que uno lo desea, digo el sueño, y no lo sabe, y por eso el sueño aparece en el sueño, espacio del que uno no tiene dominio? Pues no, al menos eso creemos los que aquí escribimos. No, ya no soñamos ese sueño, señoras y señores. Quizás traicione a esta mortal, aquí su servidora, su subconsciente. Pero no. Vade retro. Sueño entrometido. Sueño metiche. Sueño a destiempo. Sueño fuera de lugar. Sueño que ya no cabe. Sueño que se agotó. Sueño retrasado. Sueño equivocado. Sueño que no me hace echar pa´trás.
Entonces, una noche (ayer, para ser exactos) uno se echa a dormir (uno inocente ahí, se deja vencer por el cansancio, confiando en la solidaridad de la almohada) y viene, sin uno pedirlo, un sueño que te hace disentir, entristecerte y darte cuenta (consciente y mucho) de que este sueño no será realidad y uno se pregunta para qué diablos, si no lo es, si no hay la más mínima posibilidad de que lo sea, aparece el sueño, la imagen, como si la hubiesen comprado en una tienda para meterla en tu sueño y darte de cachetadas. ¿Será que uno lo desea, digo el sueño, y no lo sabe, y por eso el sueño aparece en el sueño, espacio del que uno no tiene dominio? Pues no, al menos eso creemos los que aquí escribimos. No, ya no soñamos ese sueño, señoras y señores. Quizás traicione a esta mortal, aquí su servidora, su subconsciente. Pero no. Vade retro. Sueño entrometido. Sueño metiche. Sueño a destiempo. Sueño fuera de lugar. Sueño que ya no cabe. Sueño que se agotó. Sueño retrasado. Sueño equivocado. Sueño que no me hace echar pa´trás.
miércoles, febrero 08, 2006
indiferente
¿por qué no me alegro? es decir ¿por qué tampoco me arrecho? es decir ¿por qué me da absolutamente igual? es decir ¿por qué me lo paso por el forro? es decir ¿por qué no lo celebro ni tampoco lo condeno? es decir ¿por qué no me saca ni un aplauso, ni una lagrimita? es decir ¿por qué no le paro ni media bola? es decir ¿por qué no me da ni frío ni calor? es decir ¿por qué no siento orgullo? es decir ¿por qué pienso qué más da? es decir ¿por qué no me pongo una camisita con el logo ni porto banderita ni grito? es decir ¿qué diablos me pasa? es decir ¿nací con un gen torcido? es decir ¿acaso soy la venezolana más rara del mundo? es decir ¿voy a contracorriente? es decir ¿soy él único especimen de esta tierra de gracia al que le es absolutamente indiferente que Venezuela haya ganado la serie del Caribe? es decir ¿fue la serie del Caribe lo que ganó, verdad?
martes, febrero 07, 2006
de los buenos
¿ganamos los buenos? ¿o es sólo un asunto de películas gringas? ¿the end imposible en la realidad? ¿sobrevivimos los buenos, resistimos a las malas rachas? ¿somos los primeros o los últimos en caer ante un exterminio? ¿nos merecemos encontrarnos los buenos? ¿nos ganamos unas buenas vacaciones? ¿gozamos de suerte? ¿nos ven? ¿valemos?
no se sabe. hay un misterio en la bondad. no hay formulitas. tampoco vende. no hay promoción publicitaria. no sale en primera plana. ¿buenos? ¡pendejos!, dirá alguien.
¿nos damos golpes de pecho los buenos?
No
¿rezamos el avemaría?
No
¿vamos a misa?
No
¿ponemos cara de yo no fui?
Menos
¿tenemos desafueros, incongruencias, temores, arrecheras, equivocaciones, disgresiones?
si
¿y cometemos locuras?
Unas cuantas
Eso sí, no nos pongan a pisar una hormiga. No nos pongan a poner zancadillas. No nos pongan a sacar la lengua. Déjenos aquí preparando la cena pa los chamos (buenos chamos), previniendo postres.
(este es el post 103, pensé celebrar el 100 pero se me pasó ya, habrá que esperar el 200 o el 157 0 el 199)
no se sabe. hay un misterio en la bondad. no hay formulitas. tampoco vende. no hay promoción publicitaria. no sale en primera plana. ¿buenos? ¡pendejos!, dirá alguien.
¿nos damos golpes de pecho los buenos?
No
¿rezamos el avemaría?
No
¿vamos a misa?
No
¿ponemos cara de yo no fui?
Menos
¿tenemos desafueros, incongruencias, temores, arrecheras, equivocaciones, disgresiones?
si
¿y cometemos locuras?
Unas cuantas
Eso sí, no nos pongan a pisar una hormiga. No nos pongan a poner zancadillas. No nos pongan a sacar la lengua. Déjenos aquí preparando la cena pa los chamos (buenos chamos), previniendo postres.
(este es el post 103, pensé celebrar el 100 pero se me pasó ya, habrá que esperar el 200 o el 157 0 el 199)
lunes, febrero 06, 2006
No, no pasé la noche con Chávez
No, señor anónimo. No pasé la noche con Chávez. No, señor anónimo. A mí Chávez no me quita el sueño. No, señor anónimo. Mi vida privada es mía, mi casa es mi centro, allí no caben los círculos bolivarianos, pero tampoco cabe el pasado, tampoco hubo adecos ni copeyanos aquí dentro. En mi casa hay libros, señor anónimo y también un montón de CDS y de juguetes y de palabras. Y casi siempre la nevera está medio vacía. COmo siempre estuvo, ni más ni menos por estos tiempos que vivimos.
¿Sabe? Siempre, siempre voté por algún perdedor. Pero en mi vida, señor anónimo, en mi universo particularísimo, ni Chávez ni los antichávez ejercen control. El no tiene una almohada en mi cama, no cuenta con su altarcito particular ni retrato 4 x 4, pero tampoco, tampoco, tampoco estoy poniéndole un muñequito budú con alfileres para que le duela que jode.
Señor anónimo, Chávez no me ha quitado amigos ni registrado enemigos. En el alto gobierno y entre conocidos rostros del chavismo tengo gente querida, respetada e incluso la tuve amada. Y en contra, criticándolo todo y con tremendos dolores de cabeza contra el que llaman "el tirano" también tengo personas que adoro y en las que no dejaré de creer. Y no los juzgo a ninguno. Los entiendo. Los escucho. A veces los debato. Les muevo el piso. Y a Chávez puedo verlo, desde una objetividad rara, desde quien puede admitir lo bueno y rechazar profunda y rabiosamente -y dolorosamente- lo malo.
Pero eso sí, él no está en mi domingo. Mucho menos estuvo en el letargo de mi domingo de ayer. Asì que estuvo muy de más su comentario.
Y este país de equivocados no es Venezuela, señor anónimo, ni mucho menos la Venezuela del chavismo. El país de equivocados es el planeta. Porque a fin y al cabo no somos sino un único país. Y bueno, hay algunos que somos un poco marcianos en este reino.
(escrito rapidito y con arrechera, pero no podía quedarme con el mal rato que me dejó pasar el anónimo. Prometo remendar mejor este post en otro momento -si es que vale la pena hacerlo-)
¿Sabe? Siempre, siempre voté por algún perdedor. Pero en mi vida, señor anónimo, en mi universo particularísimo, ni Chávez ni los antichávez ejercen control. El no tiene una almohada en mi cama, no cuenta con su altarcito particular ni retrato 4 x 4, pero tampoco, tampoco, tampoco estoy poniéndole un muñequito budú con alfileres para que le duela que jode.
Señor anónimo, Chávez no me ha quitado amigos ni registrado enemigos. En el alto gobierno y entre conocidos rostros del chavismo tengo gente querida, respetada e incluso la tuve amada. Y en contra, criticándolo todo y con tremendos dolores de cabeza contra el que llaman "el tirano" también tengo personas que adoro y en las que no dejaré de creer. Y no los juzgo a ninguno. Los entiendo. Los escucho. A veces los debato. Les muevo el piso. Y a Chávez puedo verlo, desde una objetividad rara, desde quien puede admitir lo bueno y rechazar profunda y rabiosamente -y dolorosamente- lo malo.
Pero eso sí, él no está en mi domingo. Mucho menos estuvo en el letargo de mi domingo de ayer. Asì que estuvo muy de más su comentario.
Y este país de equivocados no es Venezuela, señor anónimo, ni mucho menos la Venezuela del chavismo. El país de equivocados es el planeta. Porque a fin y al cabo no somos sino un único país. Y bueno, hay algunos que somos un poco marcianos en este reino.
(escrito rapidito y con arrechera, pero no podía quedarme con el mal rato que me dejó pasar el anónimo. Prometo remendar mejor este post en otro momento -si es que vale la pena hacerlo-)
domingo, febrero 05, 2006
domingo
este domingo es raro. es domingo en que no hemos salido de casa. domingo en que aún a esta hora estamos empijamados los tres, en realidad, los cuatro, si incluimos a mi madre. este domingo no es como los de siempre, los de ir al cine o a comer en algún restaurant o de subir al Avila o de simplemente salir a lo que sea porque somos muy de la calle. es un domingo en reposo, un domingo de silencio, un domingo de comer en casa y hasta un domingo de ver el periódico por Internet para no bajar a comprarlo, un domingo que además para mí ha sido de trabajo pues tenía que dejar listas un montón de notas. este domingo es raro y me hace falta como un dulcito en un lindo café, o una mirada al mar, un repaso por la calidez del agua (el viaducto hace eso tan utópico), o quizás simplemente requiera un viaje por la avenida, revisar en parsimonia casi europea la tranquilidad del vecindario.
y mañana es lunes. y en estas dos semanas todos los días me han parecido tan iguales.
aunque todo cambió. aunque un terremoto me sacudió el mundo.
sin embargo la casa está sana y salva, y mis hijos y yo. y hoy es domingo y afuera hay mucho sol.
y mañana es lunes. y en estas dos semanas todos los días me han parecido tan iguales.
aunque todo cambió. aunque un terremoto me sacudió el mundo.
sin embargo la casa está sana y salva, y mis hijos y yo. y hoy es domingo y afuera hay mucho sol.
sábado, febrero 04, 2006
Cuatro de febrero
Cuatro de febrero de 1992. Estalló la medianoche. Se hizo migas la madrugada. Metralletas. Disparos. Policías y militares corriendo por la calle. Confusa la televisión. Golpe de Estado, dijeron unos vecinos. El balcón abierto hacia la avenida no era la vista bonita de un 31 de diciembre con los cohetones, era la bienvenida a las balas, un punto estratégico para la muerte. Vivíamos muy cerca de la Casona. No entendíamos. Era mejor estar con el colchón en el piso. El niño dormía, indiferente, siempre ha sabido dormir ajeno al ruido. Se sabía protegido, teníamos que protegerlo. El niño estaba pequeño, muy pequeño. No había niña aún, ni siquiera aproximadamente. Y bueno, lo que faltaba ante la incertidumbre. No había leche en la nevera. Al día siguiente estaba planificado hacer mercado. Nunca hay que asumir el día siguiente como circunstancia lógica, no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy. Pero no éramos previsivos, claro que no, éramos de la gente que vive al día, de la gente que vive al día de mañana, de la gente además que tiene un país en el que no pasaba nada, ni siquiera pasaban escandalillos de corrupción aunque había corrupción, ni siquiera eran novedosas las páginas rojas, aunque hubiese exceso de sangre.
Entonces decidimos que teníamos que salir a territorio cierto. A Chacao, una isla europea enclavada en Caracas. A Chacao, espacio que garantizaba paz y distancia. Y salimos, qué serían, dos o tres de la madrugada. El niño abrigado y feliz -era su fiesta nocturna- en brazos del padre. Y la gente en la calle, algunos con sus automóviles, también huyendo quién sabe a dónde. Unos soldados corrían. Dos mujeres nos pidieron acompañarlas a buscar un soldadito muy joven que se desangraba. No veían que teníamos un niño en brazos. No veían que estábamos caminando a contracorriente, ajenos a la política, preservando a un niño que quizás se imaginaba dentro de una película de buenos y malos. Seguimos caminando y unos policías de civil -¿eran policías?- nos llevaron pocas cuadras en su carro negro. Tenían armas. Ibamos agachados en la parte de atrás del vehículo. Les disparaban. Finalmente salimos de ese carro y caminamos hasta Chacao, a la casa de la abuela y permanecimos allí hasta que todo estuvo quieto, hasta que volvió la normalidad.
Y cuando volvimos a casa, una paloma (¿la de la paz? -qué ingenua-) había tenido un palomito en nuestro balcón.
Claro, y desde ese día el país fue -o comenzó a ser- otro.
Entonces decidimos que teníamos que salir a territorio cierto. A Chacao, una isla europea enclavada en Caracas. A Chacao, espacio que garantizaba paz y distancia. Y salimos, qué serían, dos o tres de la madrugada. El niño abrigado y feliz -era su fiesta nocturna- en brazos del padre. Y la gente en la calle, algunos con sus automóviles, también huyendo quién sabe a dónde. Unos soldados corrían. Dos mujeres nos pidieron acompañarlas a buscar un soldadito muy joven que se desangraba. No veían que teníamos un niño en brazos. No veían que estábamos caminando a contracorriente, ajenos a la política, preservando a un niño que quizás se imaginaba dentro de una película de buenos y malos. Seguimos caminando y unos policías de civil -¿eran policías?- nos llevaron pocas cuadras en su carro negro. Tenían armas. Ibamos agachados en la parte de atrás del vehículo. Les disparaban. Finalmente salimos de ese carro y caminamos hasta Chacao, a la casa de la abuela y permanecimos allí hasta que todo estuvo quieto, hasta que volvió la normalidad.
Y cuando volvimos a casa, una paloma (¿la de la paz? -qué ingenua-) había tenido un palomito en nuestro balcón.
Claro, y desde ese día el país fue -o comenzó a ser- otro.
viernes, febrero 03, 2006
de las despedidas
no hay duda. voy por el camino que es. el único que podía tomar. el camino evidente. el camino marcado con rayado y con semáforo en verde. era el único camino posible, no quedaba otra cosa que hacer. y sí, hay cierta seguridad en mi alma al haberlo tomado. a ver, siento que me he montado en el tren ("que va a ninguna parte", diría Sabina) correcto, que tengo un buen asiento con ventanilla, que partí a tiempo, aunque un poco enredada con las maletas, un poco trastornada entre lo engorroso de los trámites. sin embargo, no lo puedo negar, no me puedo hacer la indiferente ni la loca con ese dejo de tristeza ahí adentro. no, no es un escándalo de tristeza, no es esa que uno sacude en llanto, no es tristeza ésta a la que se le salgan los mocos. es como si me hubiera quedado en la estación del tren, con el pañuelo en blanco, despidiéndome a mí misma, sabiendo que ya no estaré más en esa historia que era como un centro, como una constelación, mi vía láctea. miro por la ventanilla, entiendo a las vacas seguras en su pasto, entiendo a ese hombre que labra la tierra y la sabe fértil y agradecida en sus frutos. yo, mientras, no tengo cinturón de seguridad en este tren destartalado que me lleva. y sí, quiero llegar y caminar por tierra firme, pero sé que la ruta es larga, quizás con escalas. y mientras me despido en la estación con el pañuelo en alto, en realidad ya llevo horas en el tren recordando que alguna vez hubo una estación donde estoy despidiéndome, a sabiendas de que dejé pasar demasiados trenes, pero que ahora sí, ahora tengo asiento asignado con ventanilla. y rumbo.
jueves, febrero 02, 2006
el héroe
yo hace como 10 años tenía un héroe. no un superhéroe gringuito de capa larga y dudosa sexualidad, sino un héroe de carne y hueso, un héroe rojo, un héroe fuertote, un tipo de izquierdas y comprometido con su entorno, un héroe de la selva, capaz de salvarme del veneno de las culebras, un aventurero inmerso en la naturaleza, un héroe de la guerrilla, políticamente radical, un héroe de los indígenas, conocedor del alma y de los mitos, un tipo tan generoso y franco que siempre supe que jamás me haría daño, un héroe que me miró a la distancia -con unos ojos francamente nobles- bañándome en un río, un héroe que respetó mi condición de mujer ajena -un héroe de hace dos siglos, qué vaina- .
miércoles, febrero 01, 2006
de las decisiones
Primero de febrero. Post número 96 de mi segundo blog. Año y dos meses de estrés y metidas de pata a fondo y guabineos (creo que se escribe así), de ir pa´tras y pa´lante y encangrejarme. Ahora voy pa´lante. Hoy es el primer paso de mi camino a la incertidumbre y a la verdad y no sé si a la nada o al todo, pero al menos a la página en blanco.
Me da vértigo, enorme, enorme, como me dan siempre las grandes decisiones, los pasos que uno sabe que son definitivos. Como cuando en la planilla del CNU puse Comunicación Social y no Medicina, como cuando me fui a vivir a aquel barrio con él hace casi 18 años, como cuando decidí tener hijos, como cuando salí de aquel trabajo que me maltrató y llamé a éste donde estoy ahora. Claro que tengo miedo, claro que estoy cagadísima y tristísima también, pero hay como una convicción que me mantiene, la de que es lo único que puedo hacer y lo mejor que puedo hacer.
Los equivocados tenemos eso: podemos estar en el fondo del abismo, pero tenemos también la honestidad de saber que no somos ningunos supermanes y también, la secreta esperanza, de que todo nos tendrá que salir bien. Aunque no tengamos dioses a nuestro lado -no, no he prendido velitas-, tenemos de alguna forma a la humanidad completa, tenemos, además, amigos que están ahí, como Alana, por ejemplo, que me ha apoyado definitivamente, como Alana que es mi hermana o es mi hija mayor o es mi ángel de la guarda o no sé. Sé que no estoy sola, eso sí y que no dejaré que me hagan daño.
(falta por cierto, un post sobre los equivocados, porque creo que hay personas que piensan que los equivocados somos algo así como unos derrotados. Y no señor, claro que no. Dígalo ahí)
Me da vértigo, enorme, enorme, como me dan siempre las grandes decisiones, los pasos que uno sabe que son definitivos. Como cuando en la planilla del CNU puse Comunicación Social y no Medicina, como cuando me fui a vivir a aquel barrio con él hace casi 18 años, como cuando decidí tener hijos, como cuando salí de aquel trabajo que me maltrató y llamé a éste donde estoy ahora. Claro que tengo miedo, claro que estoy cagadísima y tristísima también, pero hay como una convicción que me mantiene, la de que es lo único que puedo hacer y lo mejor que puedo hacer.
Los equivocados tenemos eso: podemos estar en el fondo del abismo, pero tenemos también la honestidad de saber que no somos ningunos supermanes y también, la secreta esperanza, de que todo nos tendrá que salir bien. Aunque no tengamos dioses a nuestro lado -no, no he prendido velitas-, tenemos de alguna forma a la humanidad completa, tenemos, además, amigos que están ahí, como Alana, por ejemplo, que me ha apoyado definitivamente, como Alana que es mi hermana o es mi hija mayor o es mi ángel de la guarda o no sé. Sé que no estoy sola, eso sí y que no dejaré que me hagan daño.
(falta por cierto, un post sobre los equivocados, porque creo que hay personas que piensan que los equivocados somos algo así como unos derrotados. Y no señor, claro que no. Dígalo ahí)
martes, enero 31, 2006
los venezolanos
Iba a titular: los venezolanos somos una mierda. Así. Para tener raiting. Es que nos encanta sentirnos de esa forma, o más bien, más que sentirnos, decirnos de esa forma. Hablarnos de esa manera, calificarnos de ese modo, adjetivarnos así. Nos sentimos grandes menospreciándonos, nos sentimos así más valiosos, más nacionales. Que si no servimos para nada, que si somos flojos, que si bebemos que jode caña, así sí que nos sentimos a gusto, que nos lo digan en la cara, carajo, que no valemos medio, que somos un pueblo sin méritos ni valores. Baste que un venezolano ose decir que en este paisito de porquería (vaya, nos encanta esa descalificación) hay algunos escritores que medio ahí ahí se defienden con la palabra para que salgan a llamarnos ególatras, jalamecates, prendevelitas. Es decir, tenemos que andar diciendo que aquí nada sirve para nada para gozar un puyero todos, para sentirnos grandes y bien de pinga y darnos palmaditas en el hombro: tú sí que eres arrecho, pana, tú escribiste el mejor insulto, te mereces un premio. Y sí, qué bien, mira pues, aquí nadie respeta los semáforos, aquí los fines de semana son de caña, aquí todo el mundo cambia de posición ideológica de acuerdo al quince y último, aquí tutirimundachi monta cachos...¿Vamos bien? ¿por ahí tiene que ir mi discurso para lograr la acogida de los lectores? Ah, bueno, pero para lograr más entusiasmo, tengo que dejar la salvedad que nos enorgullecemos como gentilicio por aquello de las misses que ganan todos los certámenes, las mujeres más bellas del mundo, aunque, oh rayos, ahora como que hay mala racha y no pegan ni una. Ni quiera una missecita internacional, estamos pavosos los venezolanos. ¿Están contentos? ¿cómo les gustamás? ¿pueblo mísero e ignorante? ¿ciudadanía chinga por irse a vivir a Miami? ¿gentío inculto, incivilizado y poco galante? ¿hombres de pinguitas al sol y mujeres que se preñan como salvavidas?... ¿están contentos o sigo? ¿balurdos? ¿violentos? ¿malandros? ¿trepadores? ¿borrachines?
La verdad es que yo prefiero seguir diciendo que tenemos grandes escritores, y grandes artistas y grandes científicos y gente que se levanta temprano y tiene humor y cree en la familia y le echa bolas. Yo lo prefiero así de ideal. Aunque pierda adeptos.
La verdad es que yo prefiero seguir diciendo que tenemos grandes escritores, y grandes artistas y grandes científicos y gente que se levanta temprano y tiene humor y cree en la familia y le echa bolas. Yo lo prefiero así de ideal. Aunque pierda adeptos.
lunes, enero 30, 2006
de evasiones
pienso en quien soy en estos días. todos estos rollos. los que cuento por aquí y los que no cuento. me veo hace dos años y creo que era alguien muy feliz, una mujer muy desenrollada, con una vida chévere, o bueno, con los problemas comunes de quien hace milagros con un quince y último o de quien mira a quien no le mira o de quien no sabe para dónde ir con los carajitos en vacaciones. durante el paro de 2002, para evadir lo que me aterraba, jugué a cartearme con un hombre imposible. era mi modo de despistarme, de deslastrarme de una realidad que me caía en sobrepeso. siempre pensé que sería una buena novela esa historia: nosotros hablando del formato de las orejas, del bienestar de las manos, mientras yo temía que en cualquier momento podía quedarme sin trabajo. hoy me veo y digo: dios, qué complicación. a nadie podría echársele en estos días la vaina de quererme. sería como dejarle tremendo muerto encima al peor enemigo. No sé qué pasó con mi vida. no sé qué me pasó.
literatura venezolana
leo por ahí, en un blog que crearon anti Foro Social Mundial, a Nicotine diciendo: "la literatura venezolana me resulta provinciana casi que por dogma de fe (no puedo ser perfecto)". Reconoce estar prejuiciado y yo más bien, a él -tan brillante, tan buen lector- preferiría calificarlo como desinformado, porque estoy segura que por ese mismo prejuicio no se ha leido ni una cuarta parte de la increible cantidad de joyas de la literatura venezolana. Somos un país de poetas (eso se ha dicho hasta el cansancio), pero también somos un país de grandes narradores, de sesudos ensayistas, de magníficos dramaturgos, de excelentes escritores para niños. Confieso, Nicotine, que antes de meterme en esto de revisar por dentro nuestras letras, yo también me burlaba del llano arquetipal de Gallegos, de la sabiduría montada en las alturas hacia los amigos invisibles de Uslar, de la adjetivación de Díaz Rodríguez, y ahora, fíjate, hasta he redescubierto a estos autores y encuentro que Gallegos y Uslar y Díaz también nos revisaron como país.
Pero te hablo, Nicotine, de otros, de otros que seguramente te gustarían (algunos mucho, mucho) y que seguramente no has leido.
Somos un país de humor y metáforas, de voladura de coco, de adelantos, sí, pero también de mucha discriminación hacia nosotros mismos, por eso nuestra literatura no se promueve internacionalmente, y ni siquiera localmente se la valora. Por eso, Nicotine, gente realmente brillante como tú dice que aquí se produce una mierda. Y a mí eso me da muchísima rabia, porque si nos despreciamos nosotros, qué le dejamos al mundo. Tenemos que aprender mucho de los argentinos, amigo, tenemos que mostrar lo que tenemos.
¿has hecho un recorrido por la literatura del siglo XIX? ¿el humor de los costumbristas, la irreverencia de los modernistas, la mirada hacia adentro de los criollistas? ¿sabes que en 1931 se publicó -al mismo tiempo que Doña Bárbara- una novela de vanguardia, Cubagua, que es precursora antes de Rulfo del realismo mágico y que es realmente una novela sorprendente, adelantadísima para la época? ¿has leido a Pocaterra y sus personajes grotescos de una Caracas que nunca hemos dejado de ser? ¿sabías que Julio Garmendia estaba haciendo realismo fantástico antes de que Borges lo imaginara?
Y de las últimas cuatro décadas en narrativa ¿qué tal Meneses? ¿qué me dices de un libro grande como es País Portátil, de Adriano González León, novela de la violencia y de la ciudad?, y más de lo citadino: Angel Gustavo Infante con Cerrícolas, Ricardo Azuaje con Viste de Verde Nuestra Sombra, el fabuloso narrador de la urbe que es Carlos Noguera con esa increible novela de mil lecturas que es Historias de la Calle Lincoln (te encantará). Y en cuanto a voces de mujer ¿has leido ese libro desgarrador e intenso que es El Diario de Francisca Malabar de Milagros Mata Gil? Y en lo experimental, lúdico y lleno de humor, la Rajatabla de Luis Britto García. Y, por Dios, la hermosura que son todos los textos del gran Francisco Massiani (ídolo de varias generaciones). Y más narradores: Eduardo Liendo, Armando José Sequera, Salvador Garmendia...son muchos. ¡Y los que vienen por ahí! (algunos haciendo andanzas desde los blogs, por cierto)
Y no hablemos de poesía: el gran Eugenio Montejo (demasiado), el maravilloso Rafael Cadenas, el precursor Ramos Sucre, y qué se yo, tantos: Sánchez Peláez, por ejemplo, o Palomares. Esa gran poeta que es Ana Enriqueta Terán y esta otra, Yolanda Pantin. Y en dramaturgia sólo nombro dos por no entrar en honduras: Cabrujas y Chalbaud.
Me quedé corta, seguro que me acordaré de más, pues esta es una revisada rápida antes de enfrascarme con mi tesis.
Claro que hay, como en toda sociedad -no te lo niego, llueven en los cocteles-, los que se venden como los arrechos y no lo son. Pero tenemos grandes, Nicotine, y es maravilloso conocerlos, sentirse orgulloso de ellos y decir que uno es parte de una tradición de grandes escritores, una tradición que hay que seguir -uy, sonó demasiado pomposo esto último-.
Te regalo un poema hermoso de Montejo
Cuerpo lleno de barcos
Cuerpo lleno de barcos,
ojos llamándonos al mar, senos, velámenes,
brazos en nuestros brazos, tumultuosos oleajes...
Noches de lámpara oscilante
con estrellas en la cubierta
y pájaros que pasan.
El temor al olvido que se amontona
detrás de tus pestañas,
el temor al arribo en el próximo puerto
que puede separarnos.
Cuerpo lleno de barcos que se alejan
no sabemos adónde.
El temor al silencio que viene de las islas
y al desamparo de los horizontes
cuando ya no hay adiós sino naufragio.
Eugenio Montejo. PAPIROS AMOROSOS.
Pero te hablo, Nicotine, de otros, de otros que seguramente te gustarían (algunos mucho, mucho) y que seguramente no has leido.
Somos un país de humor y metáforas, de voladura de coco, de adelantos, sí, pero también de mucha discriminación hacia nosotros mismos, por eso nuestra literatura no se promueve internacionalmente, y ni siquiera localmente se la valora. Por eso, Nicotine, gente realmente brillante como tú dice que aquí se produce una mierda. Y a mí eso me da muchísima rabia, porque si nos despreciamos nosotros, qué le dejamos al mundo. Tenemos que aprender mucho de los argentinos, amigo, tenemos que mostrar lo que tenemos.
¿has hecho un recorrido por la literatura del siglo XIX? ¿el humor de los costumbristas, la irreverencia de los modernistas, la mirada hacia adentro de los criollistas? ¿sabes que en 1931 se publicó -al mismo tiempo que Doña Bárbara- una novela de vanguardia, Cubagua, que es precursora antes de Rulfo del realismo mágico y que es realmente una novela sorprendente, adelantadísima para la época? ¿has leido a Pocaterra y sus personajes grotescos de una Caracas que nunca hemos dejado de ser? ¿sabías que Julio Garmendia estaba haciendo realismo fantástico antes de que Borges lo imaginara?
Y de las últimas cuatro décadas en narrativa ¿qué tal Meneses? ¿qué me dices de un libro grande como es País Portátil, de Adriano González León, novela de la violencia y de la ciudad?, y más de lo citadino: Angel Gustavo Infante con Cerrícolas, Ricardo Azuaje con Viste de Verde Nuestra Sombra, el fabuloso narrador de la urbe que es Carlos Noguera con esa increible novela de mil lecturas que es Historias de la Calle Lincoln (te encantará). Y en cuanto a voces de mujer ¿has leido ese libro desgarrador e intenso que es El Diario de Francisca Malabar de Milagros Mata Gil? Y en lo experimental, lúdico y lleno de humor, la Rajatabla de Luis Britto García. Y, por Dios, la hermosura que son todos los textos del gran Francisco Massiani (ídolo de varias generaciones). Y más narradores: Eduardo Liendo, Armando José Sequera, Salvador Garmendia...son muchos. ¡Y los que vienen por ahí! (algunos haciendo andanzas desde los blogs, por cierto)
Y no hablemos de poesía: el gran Eugenio Montejo (demasiado), el maravilloso Rafael Cadenas, el precursor Ramos Sucre, y qué se yo, tantos: Sánchez Peláez, por ejemplo, o Palomares. Esa gran poeta que es Ana Enriqueta Terán y esta otra, Yolanda Pantin. Y en dramaturgia sólo nombro dos por no entrar en honduras: Cabrujas y Chalbaud.
Me quedé corta, seguro que me acordaré de más, pues esta es una revisada rápida antes de enfrascarme con mi tesis.
Claro que hay, como en toda sociedad -no te lo niego, llueven en los cocteles-, los que se venden como los arrechos y no lo son. Pero tenemos grandes, Nicotine, y es maravilloso conocerlos, sentirse orgulloso de ellos y decir que uno es parte de una tradición de grandes escritores, una tradición que hay que seguir -uy, sonó demasiado pomposo esto último-.
Te regalo un poema hermoso de Montejo
Cuerpo lleno de barcos
Cuerpo lleno de barcos,
ojos llamándonos al mar, senos, velámenes,
brazos en nuestros brazos, tumultuosos oleajes...
Noches de lámpara oscilante
con estrellas en la cubierta
y pájaros que pasan.
El temor al olvido que se amontona
detrás de tus pestañas,
el temor al arribo en el próximo puerto
que puede separarnos.
Cuerpo lleno de barcos que se alejan
no sabemos adónde.
El temor al silencio que viene de las islas
y al desamparo de los horizontes
cuando ya no hay adiós sino naufragio.
Eugenio Montejo. PAPIROS AMOROSOS.
sábado, enero 28, 2006
el mal
hoy conocí el mal.
yo, confiada en la vida, y hasta contenta por la recuperación de mi mamá y porque las cosas fluían y el mal me dijo: ey, aquí estoy yo, déjame ocuparme un rato de ti, que necesito dejarte un problemita más para que te distraigas.
y claro, me amargué y lloré magdalenísima y se me puso todo negro, negro, agujero negro que todo se lo come.
y ya, decidí que la vida me va a tratar bien, que mis libros se venderán en europa y que podré vivir de mi obra. tanta intensidad ha de servir para dejar algo bueno al alma y a las letras.
y también ya sé que no cuento con él, aunque me haya hecho creer lo contrario.
yo, confiada en la vida, y hasta contenta por la recuperación de mi mamá y porque las cosas fluían y el mal me dijo: ey, aquí estoy yo, déjame ocuparme un rato de ti, que necesito dejarte un problemita más para que te distraigas.
y claro, me amargué y lloré magdalenísima y se me puso todo negro, negro, agujero negro que todo se lo come.
y ya, decidí que la vida me va a tratar bien, que mis libros se venderán en europa y que podré vivir de mi obra. tanta intensidad ha de servir para dejar algo bueno al alma y a las letras.
y también ya sé que no cuento con él, aunque me haya hecho creer lo contrario.
los médicos
"resígnese, ella más nunca va a ser la misma", "resígnese, entienda, ella tiene demencia senil". y yo buscaba los antecedentes en mi familia, mi herencia vasca, y nada, puras ancianas ilustres que llegaron lúcidas hasta casi los cien años. me preguntaba por qué mi mamá era la excepción, me culpaba. "quizás la descuidé", pensé, "quizás no la llevé a tiempo al médico" (ella se negaba a ir a un médico), "quizás no la alimenté bien" (yo como, me aseguraba siempre que le hacía mercado ¿o quién crees que se come toda la comida que traes?). pero en fin, resignada y muy muy triste, había conseguido hasta un asilo de viejitos para que la cuidaran. ya pensaba que mamá no me reconocería más. "tendrá algún momento de lucidez pequeño, pero no se engañe, ya ella cambió", insistían los médicos. y no había explicación técnica en las tomografías, ningún evento neurológico reciente, ningun accidente cerebro vascular. "a veces la demencia senil es así, ni avisa". y yo preguntaba, esperanzada, "¿no habrá algún error?", no mijita, casi me decían. me mataron las ilusiones de un trancazo. y yo que me ilusionaba alguito en mi corazón me sentía idiota haciéndolo, me sentía perdida haciéndolo.
pero no. eran los medicamentos. era una excesiva dosis de medicamentos que no necesitaba lo que la había enloquecido. y ella fuerte luchaba contra ellos. menos mal que el geriatra se dio cuenta a tiempo, me mandó eliminar todo el tratamiento. y ahora mi mamá es mi mamá de nuevo. y habla y empieza a caminar y pronto estará de nuevo en su casa (esta vez con una señora que la acompañe) y pronto estará mandándonos a todos de nuevo, como buena vasca.
(estoy monotemática, lo sé, pero este es el último post-descarga sobre el tema, es que me molesta la soberbia de algunos médicos, el saberse dueños de una verdad absoluta que no poseen, que no posee nadie)
pero no. eran los medicamentos. era una excesiva dosis de medicamentos que no necesitaba lo que la había enloquecido. y ella fuerte luchaba contra ellos. menos mal que el geriatra se dio cuenta a tiempo, me mandó eliminar todo el tratamiento. y ahora mi mamá es mi mamá de nuevo. y habla y empieza a caminar y pronto estará de nuevo en su casa (esta vez con una señora que la acompañe) y pronto estará mandándonos a todos de nuevo, como buena vasca.
(estoy monotemática, lo sé, pero este es el último post-descarga sobre el tema, es que me molesta la soberbia de algunos médicos, el saberse dueños de una verdad absoluta que no poseen, que no posee nadie)
viernes, enero 27, 2006
en otro país
Me siento en otro país. No he leido prensa. No he salido de casa sino por aquí mismito. Yo, que tenía credencial del Foro Social Mundial, que hubiera podido disfrutarlo en reseñas y crónicas de ésas que me gusta hacer, de ésas sobre la gente, de ésas que nunca podrían aparecer en televisión o en El Universal, pues me he tenido que quedar de ama de casa y de enfermera y de hija medio ejemplar ahí, medio trastabillada y torpe. Mamá está lúcida, su loquetera de los días anteriores no era más que una dosis excesiva que le habían mandado los doctores. Ahora hay que empezar a ponerla a caminar, a ponerla a hablar. La sacamos un rato por aquí cerca en silla de ruedas, lo que me corroboró que Caracas no está hecha para gente en silla de ruedas, como tampoco está hecha para viejos, ni para niños y no sé si para alguien (salvo el Avila, perfecto en su visual). Vi alguna gente con los carnet del Foro. Y, sí, no lo puedo negar, eché en falta mi trabajo. Yo, que quería tiempo para mí, pues ahora quiero estar de nuevo escribiendo sobre lo que me rodea. Me gusta reseñar mi entorno. Verlo. Mostrarlo en palabras. Creo que es una de las cosas que más me gustan del periodismo. Pero estaré dos semanas más aquí encerrada, cuidando a mamá y aprovechando para terminar la tesis, porque ahora sí estoy contrareloj.
Hoy también me sentí un poco en otro país cuando chateé con un amigo mío y en juego o en verdad o no sé si para que me pusiera roja, me planteó que conociera a alguien que me quería presentar. Me sentí como si me estuviera inscribiendo en una página web de esas de ¿busca pareja? ¿hombre? ¿mujer? ¿alto? ¿bajo? y me di cuenta también que no estoy buscando a nadie o no sé, o si aparece, por favor, que me lo tropiece en la calle, que no avise. Pero no quiero esperar a nadie en un bar, no quiero llenar ninguna planilla, no quiero registrarme.
Estoy como en otro país. Un país alejado de mí misma. Un país donde sí están mis hijos y mi mamá (y los pericos) y la literatura, esas palabras que flotan, esas palabras que están.
Hoy también me sentí un poco en otro país cuando chateé con un amigo mío y en juego o en verdad o no sé si para que me pusiera roja, me planteó que conociera a alguien que me quería presentar. Me sentí como si me estuviera inscribiendo en una página web de esas de ¿busca pareja? ¿hombre? ¿mujer? ¿alto? ¿bajo? y me di cuenta también que no estoy buscando a nadie o no sé, o si aparece, por favor, que me lo tropiece en la calle, que no avise. Pero no quiero esperar a nadie en un bar, no quiero llenar ninguna planilla, no quiero registrarme.
Estoy como en otro país. Un país alejado de mí misma. Un país donde sí están mis hijos y mi mamá (y los pericos) y la literatura, esas palabras que flotan, esas palabras que están.
jueves, enero 26, 2006
José Gregorio Hernández
Mamá, vasca de sangre y también vasca de carácter -difícil de engatusar, pues-, se enamoró en Venezuela y se enamoró de Venezuela. También creyó en Venezuela. Y se le revitalizó también una religión contra la que se había dado de cabezazos. Ella, un poco fastidiada del exceso de hipocresías y las faltas del catolicismo, alérgica a curas y monjas (las monjas que le estropearon la infancia) se maravilló católica en la fe a un santo local, made in Venezuela. Desde que supo de él, tuvo a José Gregorio Hernández como su santito de cabecera. Ella, que no iba a médicos reales porque enfermaban (y vaya que tenía razón) se encomendaba a José Gregorio y también a las sopitas de pollo, a las frutas criollas, a los baños de playa en Macuto y por qué no, a algunas dosis de jamón serrano de vez en cuando, que, sino, no se es español; que, sino, no se vive.
Iba a visitarlo al cementerio del sur, incluso cuando trasladaron sus restos a la Iglesia de la Candelaria. Ella siempre aseguró que el lugar para verlo y hablar con él y pedirle de verdad tenía que ser el cementerio del sur, porque tenía la plena seguridad -conociendo ya el país que amaba- que todo eso del traslado podía ser un parapeto para la prensa, el cuento chino del altar bonito sin nada adentro. Para ella los huesos estaban en el camposanto y en ningún otro sitio. En todo caso era más sacrificado ir al cementerio del sur -con la hija (o sea yo) a cuestas-, por lo que la visita valía más, era, en el fondo más auténtica, menos cómoda.
Y le pedía por todo, menos por ella (porque ella estaba bien, porque ella era de hierro, supermana), le pedía por la salud de los demás y por los estudios de los niños y por mi trabajo y hasta le pidió cuando hice el concurso de ingreso como docente en la universidad, le pedía por los amigos, por esa familia por allá lejos, en el otro lado del océano. Pero más que pedirle, le hablaba de todo, del país y del presidente que siempre ocupa tiempo en la radio y de lo caro que está el condominio y de su hija y de sus nietos y de sus hazañas de supernietos. Llevaba consigo una estampa de él vestido de negro y un escapulario con su cara y su sombrero. Yo le regalé hace tiempo una figurita con su nuevo look -José Gregorio viste ahora de bata blanca de médico-. Se la traje cuando estaba en la clínica y la besó. Pero después no le hizo mucho caso. Debe estar brava, muy brava, con él en estos días.
Hoy duerme. Un geriatra la vio ayer y le quitó todo el remediero loco que le habían mandado. Dijo que quizás eso es lo que la tiene bobita. Fue dulce este médico. Y no sé, pensé -yo que no creo en nada- que quizás se lo mandó José Gregorio, un poco extrañado porque no le ha visto una nueva sonrisa en estos días. Debe estar muy solo José Gregorio por allá, escuchando rezos y quejas de los demás, pero sin que nadie le cuente las noticias de la radio -ella, enteradísima de todo, más que la hija-, sin que nadie le hable de lo bellos y grandes que están los nietos, sin que nadie le recuerde que tiene que pagar el recibo de la luz.
Iba a visitarlo al cementerio del sur, incluso cuando trasladaron sus restos a la Iglesia de la Candelaria. Ella siempre aseguró que el lugar para verlo y hablar con él y pedirle de verdad tenía que ser el cementerio del sur, porque tenía la plena seguridad -conociendo ya el país que amaba- que todo eso del traslado podía ser un parapeto para la prensa, el cuento chino del altar bonito sin nada adentro. Para ella los huesos estaban en el camposanto y en ningún otro sitio. En todo caso era más sacrificado ir al cementerio del sur -con la hija (o sea yo) a cuestas-, por lo que la visita valía más, era, en el fondo más auténtica, menos cómoda.
Y le pedía por todo, menos por ella (porque ella estaba bien, porque ella era de hierro, supermana), le pedía por la salud de los demás y por los estudios de los niños y por mi trabajo y hasta le pidió cuando hice el concurso de ingreso como docente en la universidad, le pedía por los amigos, por esa familia por allá lejos, en el otro lado del océano. Pero más que pedirle, le hablaba de todo, del país y del presidente que siempre ocupa tiempo en la radio y de lo caro que está el condominio y de su hija y de sus nietos y de sus hazañas de supernietos. Llevaba consigo una estampa de él vestido de negro y un escapulario con su cara y su sombrero. Yo le regalé hace tiempo una figurita con su nuevo look -José Gregorio viste ahora de bata blanca de médico-. Se la traje cuando estaba en la clínica y la besó. Pero después no le hizo mucho caso. Debe estar brava, muy brava, con él en estos días.
Hoy duerme. Un geriatra la vio ayer y le quitó todo el remediero loco que le habían mandado. Dijo que quizás eso es lo que la tiene bobita. Fue dulce este médico. Y no sé, pensé -yo que no creo en nada- que quizás se lo mandó José Gregorio, un poco extrañado porque no le ha visto una nueva sonrisa en estos días. Debe estar muy solo José Gregorio por allá, escuchando rezos y quejas de los demás, pero sin que nadie le cuente las noticias de la radio -ella, enteradísima de todo, más que la hija-, sin que nadie le hable de lo bellos y grandes que están los nietos, sin que nadie le recuerde que tiene que pagar el recibo de la luz.
miércoles, enero 25, 2006
lo que escribí de mi mamá
he querido escribir pero no puedo. ahora ella duerme. pasó la noche en vela. yo también. no sé aún qué hacer, evalúo soluciones. ahora espero por la silla de ruedas y la andadera alquiladas. mientras estoy leyendo mis cosas. en el blog anterior escribí dos textos sobre ella. paso a copiarlos.
miércoles, junio 15, 2005
86 años
Mi mamá cumple hoy 86 años. Sigue teniendo los más hermosos ojos azules del mundo, aunque ahora casi no pueda ver con ellos. Son azul clarito, como cuando no hay ninguna nube. Le da rabia andar en bastón o tener que sujetarse firmemente en mí para salir a la calle, ella que no paraba de caminar sola por media Caracas y el litoral central. Le da rabia no poderse ir en autobús a la playa como hacía hasta el deslave de Vargas.A mi mamá, como dije alguna vez, siempre la conocí con el cabello blanco. Pero hay fotos de ella, a los 20, a los 40, siempre tan guapa. Una mujer perfecta que cargaba sobre sus hombros los dolores de la guerra civil española, un amor desaparecido en la legión extranjera, mucha hambre, mucha desilusión. Un librito negro con poemas de otros. Poemas de muerte la mayoría, pero también poemas sobre España, la siempre mártir. Aún tiene las secuelas de quien ha vivido penurias económicas : No se puede botar comida, jamás; no se deben tener luces prendidas de día; hay que almacenar agua y jabones. En su casa debe haber jabones de los años sesenta. Ya le hice una torta y al mediodía la voy a buscar. Le compramos una radio pequeñita para que la cargue siempre con ella porque tenía otra que se le echó a perder. Le gusta oir radio. Siempre está enterada de las noticias. Parece periodista.Mi mamá cumple hoy 86 años. Y a veces se pone triste. Dice que no quiere que sus nietos la quieran porque no quiere que la lloren. Pero ella sabe que sus dos nietos no pueden dejar de quererla, y mucho, porque ella ha sido una estupenda abuela.
domingo, mayo 08, 2005
Mi mamá
Cuando yo nací mi mamá tenía 45 años, mi papá 64. Fueron siempre -más él que ella- unos padres abuelos. Mi mamá ya tenía el pelo blanco a los 50 (nunca se lo quiso pintar) y me llevaba por la calle y la gente le decía "qué bella su nieta, sacó sus ojos azules". Su nieta hija.Tenía algunas mañas mi mamá. Me llevaba al cementerio del sur. Veíamos las tumbas, la de María Francia que ayuda a los estudiantes de bajas notas (nunca fui una estudiantes de bajas notas, quizás me ayudó ella), la de José Gregorio Hernández, que mi mamá veía santo, un santo venezolano. De algún modo él representaba la santidad que encontró en este país, que la acogió adulta para hacerla mamá. Me llevaba a los velorios. De adultos, de niñitos. Fríos en sus urnas, negras las grandes, blancas y bordadas las chiquitas. "La gente se muere", parecía decirme mi mamá. Quería hacerme fuerte, siempre, ante la muerte. Eran ella y mi papá -lejano- tan viejos. Y sí, me hizo fuerte y gallarda.No sólo eso. Mi mamá me tejía mucha ropa. Abrigos, chales, bufandas. Y me cosía camisas que yo diseñaba. Y me hacía papas fritas y croquetas y milanesa de carne. Y me sacaba a pasear. Y me contaba cuentos inventados por ella. Y me dejó en libertad de ser yo misma. Y me hizo siempre, sobre todas las cosas, saberme querida. Hoy en día mi mamá tiene 85 años y está bien de salud, aunque desde hace 5 años (desde la tragedia de Vargas, desde que no puede montarse en autobús para ir a la playa de Macuto) ya no es la misma. Anda en bastón y casi no sale. Pero sigue teniendo esa fortaleza de señora que ha pasado una vida dura, pero que ha sido honesta. Vive sola y oye todo el día radio. La visitamos o, como hoy, la traemos varios días a dormir a mi casa.Mi mamá estudió poco. En un internado de monjas. Su mamá murió cuando era muy pequeña. No tuvo mamá que imitar, aprendió sola a ser mi mamá. Vivió la guerra. Trabajó en casas de familia. Cuidó niños ajenos. Emigró. Se enamoró. Una historia de amor llena de secretos. Y tuvo a su hija (esta servidora). Esa hija ahora tiene dos hijos. Nunca los ha llevado a un cementerio ni a un velorio. No cree necesario hablarles del final de la vida. Tampoco sabe tejer, ni les hace ropa. Sí les fríe papas. Les cuenta cuentos. Los abraza, les dice que los quiere, que los quiere tanto, tanto.Tres generaciones esta tarde de domingo viendo televisión. La sencillez de la familia.
miércoles, junio 15, 2005
86 años
Mi mamá cumple hoy 86 años. Sigue teniendo los más hermosos ojos azules del mundo, aunque ahora casi no pueda ver con ellos. Son azul clarito, como cuando no hay ninguna nube. Le da rabia andar en bastón o tener que sujetarse firmemente en mí para salir a la calle, ella que no paraba de caminar sola por media Caracas y el litoral central. Le da rabia no poderse ir en autobús a la playa como hacía hasta el deslave de Vargas.A mi mamá, como dije alguna vez, siempre la conocí con el cabello blanco. Pero hay fotos de ella, a los 20, a los 40, siempre tan guapa. Una mujer perfecta que cargaba sobre sus hombros los dolores de la guerra civil española, un amor desaparecido en la legión extranjera, mucha hambre, mucha desilusión. Un librito negro con poemas de otros. Poemas de muerte la mayoría, pero también poemas sobre España, la siempre mártir. Aún tiene las secuelas de quien ha vivido penurias económicas : No se puede botar comida, jamás; no se deben tener luces prendidas de día; hay que almacenar agua y jabones. En su casa debe haber jabones de los años sesenta. Ya le hice una torta y al mediodía la voy a buscar. Le compramos una radio pequeñita para que la cargue siempre con ella porque tenía otra que se le echó a perder. Le gusta oir radio. Siempre está enterada de las noticias. Parece periodista.Mi mamá cumple hoy 86 años. Y a veces se pone triste. Dice que no quiere que sus nietos la quieran porque no quiere que la lloren. Pero ella sabe que sus dos nietos no pueden dejar de quererla, y mucho, porque ella ha sido una estupenda abuela.
domingo, mayo 08, 2005
Mi mamá
Cuando yo nací mi mamá tenía 45 años, mi papá 64. Fueron siempre -más él que ella- unos padres abuelos. Mi mamá ya tenía el pelo blanco a los 50 (nunca se lo quiso pintar) y me llevaba por la calle y la gente le decía "qué bella su nieta, sacó sus ojos azules". Su nieta hija.Tenía algunas mañas mi mamá. Me llevaba al cementerio del sur. Veíamos las tumbas, la de María Francia que ayuda a los estudiantes de bajas notas (nunca fui una estudiantes de bajas notas, quizás me ayudó ella), la de José Gregorio Hernández, que mi mamá veía santo, un santo venezolano. De algún modo él representaba la santidad que encontró en este país, que la acogió adulta para hacerla mamá. Me llevaba a los velorios. De adultos, de niñitos. Fríos en sus urnas, negras las grandes, blancas y bordadas las chiquitas. "La gente se muere", parecía decirme mi mamá. Quería hacerme fuerte, siempre, ante la muerte. Eran ella y mi papá -lejano- tan viejos. Y sí, me hizo fuerte y gallarda.No sólo eso. Mi mamá me tejía mucha ropa. Abrigos, chales, bufandas. Y me cosía camisas que yo diseñaba. Y me hacía papas fritas y croquetas y milanesa de carne. Y me sacaba a pasear. Y me contaba cuentos inventados por ella. Y me dejó en libertad de ser yo misma. Y me hizo siempre, sobre todas las cosas, saberme querida. Hoy en día mi mamá tiene 85 años y está bien de salud, aunque desde hace 5 años (desde la tragedia de Vargas, desde que no puede montarse en autobús para ir a la playa de Macuto) ya no es la misma. Anda en bastón y casi no sale. Pero sigue teniendo esa fortaleza de señora que ha pasado una vida dura, pero que ha sido honesta. Vive sola y oye todo el día radio. La visitamos o, como hoy, la traemos varios días a dormir a mi casa.Mi mamá estudió poco. En un internado de monjas. Su mamá murió cuando era muy pequeña. No tuvo mamá que imitar, aprendió sola a ser mi mamá. Vivió la guerra. Trabajó en casas de familia. Cuidó niños ajenos. Emigró. Se enamoró. Una historia de amor llena de secretos. Y tuvo a su hija (esta servidora). Esa hija ahora tiene dos hijos. Nunca los ha llevado a un cementerio ni a un velorio. No cree necesario hablarles del final de la vida. Tampoco sabe tejer, ni les hace ropa. Sí les fríe papas. Les cuenta cuentos. Los abraza, les dice que los quiere, que los quiere tanto, tanto.Tres generaciones esta tarde de domingo viendo televisión. La sencillez de la familia.
martes, enero 24, 2006
mamá en casa
salimos ayer de la clínica. mamá está en mi casa. camina agarrada de los brazos de su hija y su nieto fuerte. le cuesta caminar y pesa que jode, y eso que está flaquita. aún no puede comer sola, pero come. desde que ha llegado ha estado lúcida y no ha dicho nada raro. no sé si es esperanzarme demasiado pero creo que los médicos se equivocaron con el diagnóstico y no tiene demencia senil, sólo se está recuperando del trauma vivido. mi mamá estuvo un día y una noche caída en su casa, pues yo la fui a ver al día siguiente y me la encontré en el suelo y llamé una ambulancia y la llevé a emergencias. quizás esa experiencia tan fuerte y la absoluta inhumanidad de las clínicas -así sean costosísimas- fueron los que rompieron de un tajo con su lucidez cuando estaba allá, los médicos no encontraron en las tomografías ninguna señal de ACV o algún evento reciente vascular, por lo que la explicación fue que la demencia, supuestamente latente - pero, no, ella estaba bien hasta ese momento-, se le precipitó de un golpe con lo ocurrido. no sé. ahora estoy con los trámites de buscar una enfermera, comprar medicamentos, alquilar equipos, cambiar pañales, lavar ropa -y no parar de lavar ropa- etc, etc. qué difícil. en estos días me acordé que Carmelo el año pasado, ante toda mi llorantina por lo que ahora me parecen tonterías (coño´e madres, pero tonterías), me decía: mira, chama, tú no sabes lo que es una verdadera tragedia. bueno, chamo, ahora lo sé. pero ahora también sé otra cosa importante: sé quiénes son mis amigos.
domingo, enero 22, 2006
mamá enfermó
vine rápido a casa para buscar cosas y dar de comer a los hijos. mi madrina se quedó con ella en la clínica. mamá enfermó inevitablemente, de una forma violenta y coño de madre para su salud tan perfecta por 86 años. tiene demencia senil. estoy asustada.
un abrazo, creí que algunas personas querrían saberlo.
un abrazo, creí que algunas personas querrían saberlo.
jueves, enero 19, 2006
el pipí del caballo
lo dijeron el martes los diputados en el debate para el cambio del escudo nacional.
los medios de comunicación lo reseñaron ayer.
dicen que si hay que cambiarle la dirección al caballo, pues también hay que decidir el sexo del susodicho caballo, pues en la actualidad es más hembra que macho y a los asambleístas les preocupa enormemente la hombría del equino, porque quién ha visto una yegua representándonos, todos o casi todos hombres de pelo en pecho.
hay que debatir, entonces, compañeros diputados, sobre el pipí del caballo del escudo.
lo primero es que, no hay duda, es macho. por lo tanto necesita su bojote ahí.
por lo tanto es menester debatir sobre el tamaño del pipí del caballo del escudo.
¿chiquito y cumplidor?, propondrá alguno y todos lo verán con cara de pene minimísimo y de que su mujer le monta cachos. ¿tremendo bulto, símbolo de que aquí todos los hombres tienen para "darle lo suyo" a su primera dama?, seguro que aplaudirán la moción y luego irán a sus casas, le pedirán la regla al hijo que estudia tercer grado y pasarán a medirse su respectivo pipirucho, no vaya a ser que una nueva legislación pese medidas, grosores y largos.
será el tamaño del pipí tema nacional. los medios apelarán a los estudios del hospital Domingo Luciani que dicen que el promedio del macho criollo humano es de 12,5 cms (creo), defenderán el derecho de igualdad que tiene un caballo menos proporcionado y la exclusión que el gobierno de largo turno tiene hacia algunos sectores de este hipódromo que siempre hemos sido. y entonces saldrán las cifras oficiales a rebatir sus mentiras y patrañas. y saldrá la oposición a los pipís grandes a protestar a la calle (¿se atreverá algún hombre venezolano a pertenecer a ese movimiento?). los llamarán pipí chiquito.
y el caballo esperará por la implantación de su simbólico falo. aunque sea de embuste.
porque resulta que era yegua. pero eso se descubrirá por allá en el 2021.
los medios de comunicación lo reseñaron ayer.
dicen que si hay que cambiarle la dirección al caballo, pues también hay que decidir el sexo del susodicho caballo, pues en la actualidad es más hembra que macho y a los asambleístas les preocupa enormemente la hombría del equino, porque quién ha visto una yegua representándonos, todos o casi todos hombres de pelo en pecho.
hay que debatir, entonces, compañeros diputados, sobre el pipí del caballo del escudo.
lo primero es que, no hay duda, es macho. por lo tanto necesita su bojote ahí.
por lo tanto es menester debatir sobre el tamaño del pipí del caballo del escudo.
¿chiquito y cumplidor?, propondrá alguno y todos lo verán con cara de pene minimísimo y de que su mujer le monta cachos. ¿tremendo bulto, símbolo de que aquí todos los hombres tienen para "darle lo suyo" a su primera dama?, seguro que aplaudirán la moción y luego irán a sus casas, le pedirán la regla al hijo que estudia tercer grado y pasarán a medirse su respectivo pipirucho, no vaya a ser que una nueva legislación pese medidas, grosores y largos.
será el tamaño del pipí tema nacional. los medios apelarán a los estudios del hospital Domingo Luciani que dicen que el promedio del macho criollo humano es de 12,5 cms (creo), defenderán el derecho de igualdad que tiene un caballo menos proporcionado y la exclusión que el gobierno de largo turno tiene hacia algunos sectores de este hipódromo que siempre hemos sido. y entonces saldrán las cifras oficiales a rebatir sus mentiras y patrañas. y saldrá la oposición a los pipís grandes a protestar a la calle (¿se atreverá algún hombre venezolano a pertenecer a ese movimiento?). los llamarán pipí chiquito.
y el caballo esperará por la implantación de su simbólico falo. aunque sea de embuste.
porque resulta que era yegua. pero eso se descubrirá por allá en el 2021.
miércoles, enero 18, 2006
la niña buena cuenta hasta 100 y quiere invadir (post de insistencia)
en el país de las invasiones, en el país de las expropiaciones, en el país de las ocho estrellas, en el país del escudo con el caballo que ya no mira pa'trás, esta servidora, natural de este municipio, trabajadora que le ha echado pichón por ya más de veinte años en oficios siempre de servicio público, con varios premios en su haber, sin tilde político, casi cum laude, burda de pana de sus amigos, una tipa chévere, con ese no sé qué, con un par de hijos fabulosos, es decir, una ciudadana correcta, una niña buena, no tendrá dónde vivir a partir de julio de 2005.
Señor alcalde mayor, ¿tengo el target para un apartamentico regalado (en el municipio Chacao, por favor)? ¿me da el permiso de invadir una quintica en el country? ¿puede esta mamita con su par de chamos meterse en cualquiera de esos edificios bellos de ladrillitos que están construyendo en la Castellana?
¿Será que el país siempre fue para un lado y yo para el otro? ¿será que ahora sí que es verdad que me extravié en alguna esquina, que no me monté en el tren que se montaron los demás? es que no sé jalar, no sé tampoco atropellar y no me sobra en la quincena y eso que trabajo que jode. y he sido correctísima siempre. una niña buena. una niña buena en un país en el que pocos respetan el semáforo en rojo, donde muchos dan la vuelta (incluso la vuelta política) en U.
está sola esta niña buena que, como ven, no se pasa de la raya amarilla. esta niña buena que quiere invadir.
Firma: presidenta del comité de invasores que no tienen el guáramo -ni la ética- para echarle piernas. se buscan miembros más lanzados.
Señor alcalde mayor, ¿tengo el target para un apartamentico regalado (en el municipio Chacao, por favor)? ¿me da el permiso de invadir una quintica en el country? ¿puede esta mamita con su par de chamos meterse en cualquiera de esos edificios bellos de ladrillitos que están construyendo en la Castellana?
¿Será que el país siempre fue para un lado y yo para el otro? ¿será que ahora sí que es verdad que me extravié en alguna esquina, que no me monté en el tren que se montaron los demás? es que no sé jalar, no sé tampoco atropellar y no me sobra en la quincena y eso que trabajo que jode. y he sido correctísima siempre. una niña buena. una niña buena en un país en el que pocos respetan el semáforo en rojo, donde muchos dan la vuelta (incluso la vuelta política) en U.
está sola esta niña buena que, como ven, no se pasa de la raya amarilla. esta niña buena que quiere invadir.
Firma: presidenta del comité de invasores que no tienen el guáramo -ni la ética- para echarle piernas. se buscan miembros más lanzados.
martes, enero 17, 2006
la loca del metro
caminábamos al borde del pasillo y lejos de la raya amarilla. dejábamos pasar al bululú de gente. soy de las que huyen al gentío, más si voy acompañada por mi hija, mi princesa. siempre temo un tropezón de alguien, una corredera, algo que pueda provocar un caminar accidentado. por eso los dejo alejarse, los dejo en su apuro, en su estrés. ya la masa subía las escaleras mecánicas y aún caminábamos lento por el pasillo de goma de la estación del metro. sólo una mujer andaba pausadamente delante de nosotras. mi hija y yo hablábamos: ¿qué hay para cenar, mami? ¿me puedo comer el brownie después, mami? entonces la señora que estaba delante se volteó y empezó a gritarme: Camine por la derecha, camine por la derecha, camine por la derecha y yo seguí caminando para alejarme de ella y gritaba gritaba gritaba y parecía que iba a golpearme, los ojos estaban desorbitados, la boca era una mueca furiosa, y de pronto temí que tocara a mi niña, que nos empujara, porque para evadirla estábamos cerca de la raya amarilla, y había algo de soledad en todo eso y nadie, nadie hacía nada. todos subían la escalera mecánica indiferentes a la loca despelucada que hacía como que tenía un palo imaginario y me gritaba y me miraba con odio, con profundo odio, simplemente porque andaba detrás de ella, porque hablaba con mi niña. logré alejarme 3 o 4 metros. subí rapidito con mi hija por la escalera mecánica y nadie, nadie me comentó nada, nadie me dijo: mujer, qué problema, esa loca sigue gritando, gritándole, esa loca parece que la estuviera siguiendo, tranquila la ayudaremos, sino que permanecieron hechos los locos -locos también ellos- como para que la señora no se metiera con ellos sino conmigo y me siguiera insultando, gritando, gritando. yo iba a buscar a algún funcionario del metro para que me acompañara. mi niña, asustada, me pidió que no, que no nos detuviéramos, que siguiéramos rapidito por el torniquete, lejos muy lejos de la raya amarilla. probablemente sintió que nadie nos ayudaría.
...y comimos arepas y después el brownie y ahora vamos a ver Betty la fea.
...y comimos arepas y después el brownie y ahora vamos a ver Betty la fea.
lunes, enero 16, 2006
aprendiz de invasora
métase en tuinmueble.com, por ejemplo. busque los avisos clasificados de el universal, por ejemplo. vea su recibo quincenal, por ejemplo. ríase. ríase mucho. dicen que es mejor reir. cualquier alquiler en caracas supera con creces, incluso duplica, en estos momentos el sueldo básico, no digo de un obrero, de una recepcionista o de un ofisboi (me encanta castellanizar las gringadas), sino de un médico, de un abogado, de un profesor universitario (jaja, ríase el doble), de un periodista (jajaja), de un escritor (ah, esos no cuentan, los escritores en este país no comen, no existen, viven del aire).
entonces, en vista de la decisión de la alcaldía mayor de expropiar inmuebles para dar viviendas a los que no tienen, en vista de la también decisión de varias centenas de ciudadanos de tomar a su gusto cualquier edificio desocupado que pillen en Caracas, en vista de que tengo que entregar este apartamento en julio y no sé para dónde carajo irme con mi par de hijos convivientes de la clase media y estudiantes ambos de sifrinísimos colegios caraqueños, pues yo he tomado la decisión que convertirme en invasora, en invasora profesional y selectiva, en invasora de inmuebles del municipio Chacao, y para ser más específicos, preferiblemente de Altamira o La Castellana o si acaso Los Palos Grandes. especialmente me gustaría ése, el edificio que está en la parte norte de la plaza Altamira, y tiene forma de arco, y los balcones dan hacia la plaza, donde en las tardes mi hija menor podría andar en patines y yo quizás relajarme y bordar.
comparto con ustedes mi firme deseo de transformarme en aprendiz de invasor I, pero eso sí, haciendo casting del edificio, que debe ser preferiblemente con tres habitaciones, vista bonita, me encantaría un yacuzi (ya dije, me encanta castellanizar las vainas) y, seamos sencillos y modestos, no importa si no tiene estacionamiento porque no tengo carro ni sé manejar.
si invado seré buena vecina. no hago ruido, oigo a Sabina bajitico y ya mis hijos pasaron la edad de corretear por los pasillos. no colgaré ropa en la ventana. no arrojaré basura desde el balcón. tampoco haré mucho escándalo con la mudanza. nos llevaremos sólo los setecientos mil libros, todos, la lavadora porque está nueva, el montononón de ropa, tres colchones, doscientos mil juguetes, la computadora porque estamos todos enviciados, el pendraif (sigo castellanizando, nuevos aportes a la real academia), mi juego de comedor, la tele, el dvd... y las fotos, y los álbumes de fotos, y los cuadernos de apuntes, y los recuerdos del colegio y los adornitos y los CDs y los cuadros y las fotos y las fotos... ah, y las matas y los siete periquitos... y si invado un apartamento de 4 habitaciones -meta ideal- añado a mi mamá...y los libros y los álbumes y la máquina de coser y las fotos, las fotos, las miles de fotos que están en su casa. Bueno, uno de 4 habitaciones en Chacao está bien, porque mi mamá no quiere salir de Chacao.
nos mudaremos en silencio y no saldremos en la prensa. y bueno, si hay que salir, pues seré vocera de invasores, aprenderé a defenderme a palos de la policía, le hablaré gritaíto a la reportera de Globovisión, y si no funciona, colocaré un cartelonón con la figura del Ché, me inscribiré en una de las misiones. entonces de mi invasión no me sacará nadie, tendré estatus de invasora profesional, dejaré de ser aprendiz...
...
busco apartamento en alquiler. preferiblemente en Chacao. No importa que tenga sólo dos habitaciones, qué le vamos a hacer. ahora pago 500 mil, quizás estirándome podría pagar un poco más...y seré libre... pero en Caracas ahora la libertad no baja de millón y medio de bolívares... o se reduce a una invasión.
entonces, en vista de la decisión de la alcaldía mayor de expropiar inmuebles para dar viviendas a los que no tienen, en vista de la también decisión de varias centenas de ciudadanos de tomar a su gusto cualquier edificio desocupado que pillen en Caracas, en vista de que tengo que entregar este apartamento en julio y no sé para dónde carajo irme con mi par de hijos convivientes de la clase media y estudiantes ambos de sifrinísimos colegios caraqueños, pues yo he tomado la decisión que convertirme en invasora, en invasora profesional y selectiva, en invasora de inmuebles del municipio Chacao, y para ser más específicos, preferiblemente de Altamira o La Castellana o si acaso Los Palos Grandes. especialmente me gustaría ése, el edificio que está en la parte norte de la plaza Altamira, y tiene forma de arco, y los balcones dan hacia la plaza, donde en las tardes mi hija menor podría andar en patines y yo quizás relajarme y bordar.
comparto con ustedes mi firme deseo de transformarme en aprendiz de invasor I, pero eso sí, haciendo casting del edificio, que debe ser preferiblemente con tres habitaciones, vista bonita, me encantaría un yacuzi (ya dije, me encanta castellanizar las vainas) y, seamos sencillos y modestos, no importa si no tiene estacionamiento porque no tengo carro ni sé manejar.
si invado seré buena vecina. no hago ruido, oigo a Sabina bajitico y ya mis hijos pasaron la edad de corretear por los pasillos. no colgaré ropa en la ventana. no arrojaré basura desde el balcón. tampoco haré mucho escándalo con la mudanza. nos llevaremos sólo los setecientos mil libros, todos, la lavadora porque está nueva, el montononón de ropa, tres colchones, doscientos mil juguetes, la computadora porque estamos todos enviciados, el pendraif (sigo castellanizando, nuevos aportes a la real academia), mi juego de comedor, la tele, el dvd... y las fotos, y los álbumes de fotos, y los cuadernos de apuntes, y los recuerdos del colegio y los adornitos y los CDs y los cuadros y las fotos y las fotos... ah, y las matas y los siete periquitos... y si invado un apartamento de 4 habitaciones -meta ideal- añado a mi mamá...y los libros y los álbumes y la máquina de coser y las fotos, las fotos, las miles de fotos que están en su casa. Bueno, uno de 4 habitaciones en Chacao está bien, porque mi mamá no quiere salir de Chacao.
nos mudaremos en silencio y no saldremos en la prensa. y bueno, si hay que salir, pues seré vocera de invasores, aprenderé a defenderme a palos de la policía, le hablaré gritaíto a la reportera de Globovisión, y si no funciona, colocaré un cartelonón con la figura del Ché, me inscribiré en una de las misiones. entonces de mi invasión no me sacará nadie, tendré estatus de invasora profesional, dejaré de ser aprendiz...
...
busco apartamento en alquiler. preferiblemente en Chacao. No importa que tenga sólo dos habitaciones, qué le vamos a hacer. ahora pago 500 mil, quizás estirándome podría pagar un poco más...y seré libre... pero en Caracas ahora la libertad no baja de millón y medio de bolívares... o se reduce a una invasión.
domingo, enero 15, 2006
comité de censura
El comité de censura de este blog, con poderes plenipotenciarios y autócratas de Aprendiz de Maga, ha decidido pasar a la categoría de borrador los tres últimos post titulados algo así como "Un intento de blogoculebra", "Una historia del siglo pasado" y "Maremágnum de besos", tres post que inauguraban en el país el género de la blogoculebra. Quiero dejar constancia aquí, porque después cualquiera puede andar atribuyéndose la fundación y no. Es Made In esta servidora. La dictadura de este blog ha decidido que mejor lo dejamos así, que vendrán tiempos mejores para contar estas cositas con su toque ramplón y rosa, y espera que ese lector que recién comienza a curiosear por estos lares no haya leido la vainita porque qué pena. La verdad es que La Maga no quiere que pase con ese blog como con el boleroblog, desatador de pasiones y a la vez de malas vibras.
En todo caso, los interesados en recibir prueba de que esos post existieron pueden escribir directamente a magamagamaga@hotmail.com.
Un beso
Mejor hablo de mi decisión firme de convertirme en invasora. Unica solución habitacional posible en una ciudad de mierda, pero con una montaña fabulosa y una luna llena como la de hace dos días.
En todo caso, los interesados en recibir prueba de que esos post existieron pueden escribir directamente a magamagamaga@hotmail.com.
Un beso
Mejor hablo de mi decisión firme de convertirme en invasora. Unica solución habitacional posible en una ciudad de mierda, pero con una montaña fabulosa y una luna llena como la de hace dos días.
viernes, enero 13, 2006
las reacciones
Las reacciones ante la posibilidad aún no del todo cierta de que me desnude en la foto colectiva de Tunick:
El hijo: "¿Tú estás loca? ¡yo no te voy a dejar hacer eso!"
La hija: "¡Yo quiero ir! ¡Inscríbeme!"
Eso tiene un antecedente. Hace 4 o 5 años. España. Una playa. El pocote de mujeres haciendo topples. La tentación. Salir de la parte de arriba del bikini. La liberación. Mi hija, entonces de 7 años: "¿Viste, mamá, no es lo máximo?" La cara de culo del varón. "¿Pero hijo no hay montón de mujeres en tetas?". "Sí, pero ellas las tienen feas y tú bonitas", contesta, espléndido, una respuesta como para caerle a besos. "Pero nadie ve, hijo, tranquilo". "No mami, si ven, yo veo".
El hijo: "¿Tú estás loca? ¡yo no te voy a dejar hacer eso!"
La hija: "¡Yo quiero ir! ¡Inscríbeme!"
Eso tiene un antecedente. Hace 4 o 5 años. España. Una playa. El pocote de mujeres haciendo topples. La tentación. Salir de la parte de arriba del bikini. La liberación. Mi hija, entonces de 7 años: "¿Viste, mamá, no es lo máximo?" La cara de culo del varón. "¿Pero hijo no hay montón de mujeres en tetas?". "Sí, pero ellas las tienen feas y tú bonitas", contesta, espléndido, una respuesta como para caerle a besos. "Pero nadie ve, hijo, tranquilo". "No mami, si ven, yo veo".
jueves, enero 12, 2006
la niña más invisible de todo el colegio
no sé por qué dice que me recuerda si yo era la niña más invisible de todo el colegio. no sé si lo dice más bien por protocolo, por decirlo pues, porque se ve que es un tipo cortés, buena gente, educado (claro, estudió en el mismo colegio que yo, que también soy cortés, buena gente, educada, aunque un poquito fuera de control a veces). dice que tiene buena memoria y, entiendo, eso puede ser esa una excelente justificación para recordar a un fantasma, pero la memoria no puede, no sé, creo yo, crearle imagen a la transparencia, darle cara a lo irreal, darle ojos y boca y nariz a esa niña que permanecía escondida, agazapada en lo más oculto del patio del colegio. además, hay que recordar que esa niña no hablaba. si usted ve a esa niña en la foto de algún grado está de primera pero era la más chiquita de todos y se tapaba a ella misma. quizás bajaba la miraba o no sé si cerraba los ojos. si ella no veía a la cámara, la cámara, suponía, tampoco la vería a ella. era la niña que aún no cumplía con el par de tetas requerido en el bachillerato. la niña que salía corriendo cuando tenía que enfrentarse. la niña que sacaba 20 pero que se echaba a llorar si le tocaba hacer una exposición. la niña que dejaba de ser transparente cuando se ponía roja de pies a cabeza si algún muchacho le gustaba y la miraba de frente -de frente porque tenía que pedirle cambio de cinco, o la goma de pegar, o la respuesta a la pregunta número seis-. además, él -ese que dice que la recuerda- era un muchacho de los más grandes, de los que estudiaban en los grados de arriba, de esos -supongo- que tenían novia bonita, cómo iba a recordar a la más invisible, a la más chiquitica, de las niñas del colegio, la que no quería que nadie la viera, la que aún se ampara bajo sobrenombre en un blog.
miércoles, enero 11, 2006
contenta
hoy he estado fundamentalmente contenta. tenía días que no estaba así, riéndome sola. divertida. muchas carcajadas. el día empezó bien con un email de alguien que me quiere apoyar con mi literatura desde Europa. luego me puse a jugar con mi blog, con mi club de fans de Nicotine, y los comentarios del blog me hicieron morir de risa varios ratos en el día. siguió bien cuando fui a Ipostel y eché una carta con un libro para un Dios que es un maestro, una carta a mano, como las antiguas. después me atreví y pedí una semana para la tesis en mi trabajo, una semana de mis días libres, y sí, me dijo que sí y voy a batir record guiness y hacer la tesis en cinco días. la quiero a mi salvadora de días. luego un amigo y yo pasamos por email planificando las diez mil crónicas que algún día haremos para gatopardo, tan amigos como siempre aunque estemos lejos. luego empezó el bochinche con lo del desnudo masivo y no hicimos más que reirnos toda la tarde, imaginándonos el acto en el viaducto, imaginando al jodedor que se roba la ropa de todos, imaginando que nos topamos frente a frente o culito con culito con esa persona que ni de vaina quisiéramos ver en pelotas. luego se me ocurrió mandar un mail con una pregunta y me respondieron y se me revolvió mi infancia, pero bonito, se me revolvió mi colegio y mi grupo de teatro y mi profesora de castellano pero bonito bonito bonito. y llegué en mototaxi a mi clase así como contenta, y yo sentía que vibraba contentura (me lo dirás tú que ahora lees mi blog, qué vaina, no tendré secretos). y en las casas mis niños me abrazaron. aunque siempre mis niños y sus abrazos son una de las partes más bonitas de mi jornada. y sí, hoy lo demostré. hay buenos días. buenos días que uno hace buenos. buenos días que uno decide levantarlos con el pie derecho. hay buenos días.
(aunque ahora tenga que fajarme en la computadora terminando de hacer el trabajo que dejé pendiente, debido a las risas del día, debido a la complejidad del trabajo también. pero eso sí, lo haré contenta porque estoy contenta)
(aunque ahora tenga que fajarme en la computadora terminando de hacer el trabajo que dejé pendiente, debido a las risas del día, debido a la complejidad del trabajo también. pero eso sí, lo haré contenta porque estoy contenta)
desnudos en Caracas
¡¡¡¡Vamos a encontrarnos en pelotas en Caracas!!!!
El 29 de enero, el fotógrafo Spencer Tunick, va a hacer una de sus famosas fotografías de desnudos multitudinarios.
Inscríbanse, y vamos a construir, en conjunto, el frente equivocado de la foto.
Yo ya me inscribí. Esta es la dirección para llenar los datos.
http://www.maccsi-tunick.com.ve/index.php
Suscribirse a:
Entradas (Atom)