Ayer Chacao estaba alborotado. "Tengo la negra", comentó una señora al portugués del abasto. "Me inscribí, mire, un millón de bolos mensuales sin trabajar, ojalá gane él". El portugués -sudoroso a media mañana, después de fajarse tempranito a escoger mercancía en el mercado de Coche- la mira, no sé si con envidia, pero sí con la resignación de que él seguirá levantándose a las 4 de la mañana para echarle bolas. "Nos lo merecemos -añade la señora que quizás esperaba una felicitación del portugués-, somos dueños del petróleo". A su lado un hombre joven afirma y se contenta. "Vivir sin trabajar, un milloncito mensual" (ahora el rumor va por el milloncito). En la panadería pasa igual: uno de los empleados muestra la tarjeta y dice dónde la sacó. "Hay un puestico aquí cerca, hay que anotarse en la lista ahorita, para ser los primeritos en recibir los reales apenas gane el candidato", asegura el hombre de brazos fuertes. "Y no es como Chávez, que le da a uno real si uno estudia, éste no pide nada", comenta mientras corta cien gramos de jamón. "Ojalá gane, tengo 18, a mí también me toca", dice esperanzada una muchacha que ni siquiera ha terminado bachillerato.
Supongo que el candidato de la oposición repunta en las encuestas porque viene con premio incluido, el voto viene con cotillón. Y repunta usando las mismas promesas que le han criticado a Chávez. No apuntar hacia el progreso sino hacia la dádiva. Rosales usa el juguete de la cajita feliz para que la gente se coma la hamburguesa, porque sino no le compraría esa hamburguesa sin carne. No sé si ganará, todo dice que no, pero él y su comando saben que sin ese juguete tendrían aún menos apoyo. Lo lastimoso, lo triste, es que con esta promesa electoral se repotencia la noción de tercer mundo, se cuadruplica la sensación de siglo XIX. Los candidatos no nos honran como sociedad en su discurso. Nos desprecian y se desprecian al saber que si no pagan en
cash no hay voto.
¿Dónde está la ideología? Si se adentra en el discurso de Rosales, poco difiere del de Chávez. Con menos carisma, eso sí, con menos oratoria y menos primera persona. Pero la misma cosa. ¿Dónde está el verdadero cambio educativo?, por ejemplo, ¿dónde está la seguridad social de la que gozan los países europeos? ¿dónde está la verdadera superación de la pobreza? ¿dónde está la productividad? No, la vaina es: dale real a todo el mundo y que se lo gasten en rumbear. Como en carnavales. Las carrozas con caramelos y la gente gritando: Aquí es.
Imagino que este domingo, al cierre de la campaña, CHávez mostrará algún juguete que ha escondido bajo la manga. Un juguete para que sus electores queden contentos. Ante la negra, la catira, la pelirroja, la morenaza, la pechugona. Ante la negra, dos millones de bolívares en cada puerta, un carro, un apartamento en la playa para cada venezolano.
No sé, me falta la palabra "progreso" en todo este asunto, me falta la palabra "futuro". Me falta también la palabra "nación". Aquí los electores no son ciudadanos, sino niños esperando que rompan la piñata a ver qué me queda.
Ayer hablé con un amigo sobre literatura. Intuyo que la ficción es más cierta que el país ahora.