jueves, julio 13, 2006

fatal

Nuevamente me lo dices. Eso. Que soy una femme fatale o algo por el estilo. Y me pregunto qué ves en mí que yo no veo. Ajústate los lentes. Mucha literatura. Y me pregunto qué escuchas cuando hablo, yo que hablo de mis hijos (y vaya que hablo), de las películas que veo, de las cuentas que nunca alcanzan, de mis rollos, de tu palabra, de la mía, de la palabra de otros. Hasta hablamos de la luna llena, fíjate.
No te invado. No te meto mano. Creo.
Entonces no entiendo.
Y me dices que soy una femme fatale, e insistes una y otra vez, y veo que te lo crees. Que te espanta. Que te aleja. Y nadie en esta historia le está pellizcando una nalga a nadie. No hago esas cosas. Al menos no inmediatamente. No de arrebatón. Creo.
Y ¿no ves que somos amigos? Que hablamos de todo, de la luna por ejemplo, hasta de la luna. Ayer me regalaste tu corazón de casi 300 páginas. Yo te di el mío hace unos días, aunque sólo tiene 125. Léelo, es un corazón que se esconde para que no lo vean mucho.
Soy escorpión. Has cedido al perfil del zodíaco. Te has dejado engañar por supercherías. No te estrecharé en el rincón. Ni te abriré el cierre. Sólo quería aceptarte la oferta de hablar. Esa que salió de ti. Yo me había quedado callada hace tiempo. Podríamos hablar sobre la luna como ayer, por ejemplo. Suena a lugarcomún para los otros. Pero tú y yo sabemos de lo que hablamos.
Me dices: tienes un novio virtual. Y te pregunto por qué. Y te reitero que ni real. Creo que desconfías. El pasado es un hándicap. Y lo sé desde tus ojos pequeños. Te has hecho a la idea de que soy muy zorra. No. Soy galla. Me asusta emprender algo, aunque sea tan fugaz como un resuelve o un swinger.
Estoy como quien no se monta en una bicicleta desde la niñez. Cree que no podrá (aunque montar bicicleta -y otras cosas- nunca se olvida). Entonces (voy a usar el mismo verbo de la bicicleta) te desmonto la idea: no soy femme fatale. Sólo quiero comprarte la idea de salir, de conversar, de hablar de la luna, por ejemplo.
Estás lleno de misterios. Y te bajas en una estación diferente. Antes, te bajabas después que yo. Pero no te pregunto. He aprendido que hay que dejar a la gente decir hasta lo que quiere. O puede.
Ya ves. No soy una femme fatale. Ellas se baten el pelo y miran desde una distancia exquisita que los enloquece. Son indiferentes. Además, yo no uso tacones.
Soy más bien una femme FATAL.

4 comentarios:

Regina Falange dijo...

Qué identificada me sentí con tu texto, no sabes cuánto. Sobre todo por eso de lo fatal de la feminidad, eso muchas veces es la peor condena

Troka dijo...

¿por qué hay que estar quitándose etiquetas? ...es como cansón, digo yo.

CABINA AÉREA dijo...

...¿?

Consuelo dijo...

Ujummmmm.... huele a corazon este post...ojala. O huele a luna ? Fatal? lo dudo jajaja