jueves, septiembre 06, 2007

cuéntame un cuento

no podíamos dormir ninguno de los tres. preparo un té que promete "dulces sueños", no se hace efectivo de inmediato y mi hijo me pide que vaya a su cuarto y me acueste en su cama. mi hija se une y somos los tres, los tres de siempre. entonces me piden que les cuente un cuento inventado. y aunque no lo tomamos con la solemnidad de antes, sino que hay bromas, acotaciones, interrupciones, risas, comentarios al margen, pues comienzo con el cuento y en él, como siempre, son protagonistas ellos dos y son ellos dos los que tienen que salvar al mundo, pero esta vez también me meto yo en la aventura, y mi hija dice que yo tengo el papel de reportear su vivencia para que salga en el periódico. y el cuento como todos los cuentos inventados que se cuentan en la noche, es cursi y divertido y tiene lugares comunes pero también cochinadas, tonterías, reiteraciones, fórmulas, humor. resulta en el cuento que la mamá les da a sus hijos un té para dormir, pero era mentira, no era un té para dormir, sino un té para acceder al mundo de lo que no existe, y justo en ese momento llega el hada (que existe, por cierto) al cuarto y nos pide acompañarla a su país porque ellos, mis hijos, tienen que ayudar en un asunto. y nos vamos y llegamos y es un mundo de árboles azules y violetas y ríos de leche y de jugo de naranja y de kolita (y ya sé que todo eso se ha escrito en la mala literatura infantil cien mil veces, pero es rico reiterar un mundo así, tan distinto al de mi propia literatura) y allí viven animales que tienen cuerpo de gente o gente con cuerpo de animales, que son todos felices, porque tienen la inteligencia del ser humano y la sencillez del animal, por lo que no hay ambición ni odio. hay fábricas de alas -único medio de transporte-, fábricas de pensamientos positivos (claro, yo estoy con el mensaje de dar pensamiento positivo para salir de este rincón), fábricas de mantos de invisibilidad y varitas mágicas pero no, no es harry potter. había otras fábricas más que no me acuerdo. ah, y había seres mágicos -toque disney- como hadas, gnomos, unicornios y claro, hija, dragones, muchos dragones. pero resulta que había un problema: el león-hombre. él se había creído el cuento de que el león era el rey de la selva y había dicho por qué no iba a ser él el rey de ese reino y ya había sometido a varios animales-hombres y montó unas fábricas para vender objetos a los seres humanos de la vida real. pero eran fábricas grises, donde nadie cantaba ni bailaba ni nada. él tenía su cuerpo de seguridad porque era un monarca que la verdad tenía un poco de miedo por su seguridad. ellos lograron meterse por una ventanita en el palacio -y a todas estas yo reporteando todo-, entraron y buscaron al león, que estaba solo y triste, monologando sobre lo terrible de su situación, cuando él sólo quisiera alegrar, hacer reir a la gente. total, es que a pesar de su hegemonía, el carajo no era feliz. mis hijos le explicaron qué debía hacer y pues lo hizo. devolvió la libertad a los animales y mis hijos le consiguieron trabajo en un circo como payaso -ya saben, para hacer reír- y lo mejor de todo es que en ese circo había una leona-mujer lindísima que era trapecista y bueno, ya saben, dos leones solos en primavera, todo puede pasar. en fin, todo el mundo felicitó a mis hijos, yo hice el reportaje para el periódico de la no realidad y llegamos al cuarto y claro, por el efecto del té, ellos dos creían que habían estado oyendo un cuento en vez de haberlo protagonizarlo.
en fin, después de varios años sin contar cuentos inventados antes de dormir, aún puedo improvisar una historia que ahora reproduzco sin los detalles, ni las risas.

1 comentario:

Mil Orillas dijo...

Jajaja...

Maga, me gustó.
(Aunque imaginarme un rio de Kolita me da mucho repeluz)
Me alegra leerte/oírte más contenta.
(La foto de tus niños...me los como. Tu mami es otra belleza)
Ven a Madrid, chica!
Nos debemos cañas y montados!