miércoles, agosto 10, 2005

mi primera "no" vez

para mi ahijada que hoy cumple años y creo que no conoce esta historia

Todos hablan de su primera vez. Yo no hablaré de esa primera vez, menos aún con mi nombre y apellido por delante. Hablaré de mi primera "no" vez. Aunque tampoco debería hablar de ella con mi nombre y apellido por delante. Pero sigo en esta especie de exorcismo y exhibición a los cuatro vientos.
Yo tenía 17 años y hacía teatro. El era un tipo que un día vino a darnos clase. Creo que tenía como 25 o 26 años. No era bello, pero sí era inteligente. Siempre están los hombres inteligentes por ahí por la vida, los grandes afortunados del amor.
Yo tenía bellas piernas y supongo que las notó. Y también se fijó que quería tomarme la vida en un solo trago aunque no sabía beber. Me invitó a salir. Salimos, en medio de mi timidez. Era un tipo "mayor", según mis 17 años, mi inexperiencia, mi inseguridad. Hablábamos de lo que me gustaba hablar: de la vida, de la literatura como vida también. Me hechizaba. Y lo sabía y se regodeaba. Seguro que lo amaba en mi admiración de muchacha que empezaba a soñar con malos pasos. Un día me mareé con media cerveza. Seguro se reía de esa, mi ingenuidad, de ese mi tratar de definir esa, mi aprensión a Dios, tema probablemente superado por él hacía un par de siglos. Yo quería ser inteligente para él. Y lo era. También quería ser volada.
Me invitó a su casa al día siguiente del primer beso. Y fui. No lo pensé. Me decidí. Caminaba por la avenida Victoria temblando. A sabiendas de que me esperaba un hombre y que yo ni siquiera, pues, ni siquiera.
No recuerdo cómo llegué a su casa. Me abrió. Estaba él solo. Nos besamos. Enrojecí. En su cuarto había un colchón. Yo tenía miedo y a la vez estaba tan decidida a enfrentar a los dragones. Siempre he sido atrevida, no pienso en el futuro ni le temo al daño, creo en el amor. En un momento él me miró a los ojos y me dijo que no, que no lo haríamos. Yo no entendía. Me fui a casa sintiéndome la muchacha más horrible y más desquerida del planeta Tierra y sus alrededores.
Nunca más salimos. Quizás alguna vez nos vimos de lejos, nos saludamos. SIn tocar el tema. Nunca entendí. Pensé esas banalidades a las que a veces reducimos las historias: no era suficiente para él.
Hace dos años me llamó. 20 años después de aquella "no" vez. Fuimos a una tasca. Tomó y tomó. Se atrevió. "Eras demasiado", me dijo. "Demasiado bella, la mujer más sensible del planeta", continuó. "Y estabas buena", remató, porque algunos hombres -precisamente los que me gustan- dicen esas cosas.
Nunca esperé tal confesión. Me preguntó si podíamos, digamos, algo así como compensar aquella "no" vez. Pero no. Ya era tarde, dos décadas después y sopotocientos mil monstruos a cuestas. Pero le agradecí y le agradezco. Me redimensionó aquel episodio de mi vida. Porque mi primera "no" vez de algún modo siempre la sentí como una derrota. El le dio brillo a esa imagen borrosa. Y descubrió que bajo la mesa había un diamante.


Uno nunca quiere ser demasiado para alguien. Si eres demasiado es que no eres. Es que el vaso se desborda. Es que no encajas. Ser demasiado para alguien es como ser muy poco. Es, simplemente, no ser. Uno es o no es -sin aumentativos ni diminutivos- para el otro. Simplemente eso: Es.

12 comentarios:

Martha Beatriz dijo...

Precioso. Mis primeras "no" veces fueron unas cuantas...y mis segundas y mis terceras, ya grandota y sin frescura de veinteañera. Pero nunca me sentí que era menos para ellos, el asunto era de "timidez moral" y de mi auténtico rechazo a los "pajaros bravos".

Caribbean Girl dijo...

Que bello, me gusto demasiado este post.
Por eso hay que tener cuidado con la Bola de Cristal... Esa mente que nos hacemos muchaaas veces y en que nos embarramos sin necesidad cuando la realidad y la verdad no la poseemos nosotros, va más allá, circuntancias , los tiempos y otros muchos factores que hacen que las cosas que deseamos en algún momento no se hagan realidad y que algunas veces no tienen que ver con lo que pensamos...

EBE dijo...

de la "primera y única" no vez, ENAMORADA, me quedó un tatuaje en el alma inmenso...esa parcelita reservada para "el amor imposible" está protegida con un alambre de púas, porque, al igual que tú, "siempre he sido atrevida, no pienso en el futuro ni le temo al daño, creo en el amor" .....aunque ese amor juvenil e ideal me enseñó dos cosas: el amor No lo puede todo y nadie se muere de amor
PD:Gracias por tu visita y tu comentario

Edén del Vainero Psicosocial. dijo...

Imborrable como si hubiera sido una "Si" primera vez. Muchas veces las remembranzas están más en las emociones manifiestas que en los propios hechos. Mi primera "NO" vez fue con la misma persona con quien tuve mi primera "SI" vez... Y ya tenemos catorce años juntos. Gracias por hacerme recordar con tu post todas esas "MEMORABLES" veces.
Un abrazo.

Rodolfo dijo...

Relindo post Maga.Casi me hace llorar, sobre todo esa última parte de ser demasiado para alguien... :-)

Luna dijo...

Excelente post Maga!
Lo que más me gustó, el final, ser demasiado para alguien es sencillamente no ser. Es totalmente cierto, para "tu alguien" eres o no eres, no existen los puntos intermedios.

Saludos!!

caribe dijo...

Nice...

Alana dijo...

maga, gracias por tu dedicatoria.
no conocía esa historia.
y sufrí burda leyéndola.
te quiero mucho…
p.d. nos deberíamos poner al día de algunas cosas…
te escribo en otro medio.

Anónimo dijo...

Esos ojos intensos los conozco yo. Les he confesado cosas y ellos también a mí. Conocen mi eterno dolor de sabor italiano, mis perennes angustias de "fama" y mis burocráticos secretos de "esperanza". Pero también conocen mis alegrías (esos dos que bailan "tregua" y "catala" y a quienes estoy enseñando a amarrar sus zapatos) y mis mundos abiertos, multicolores, conocidos, que me esperan todas las noches con olor a rocío y fruta fresca.
A esos ojos gris-azul (grandes y tristes a la vez) y a mí nos une Córtazar y el despecho de no estar históricamente en el lugar correcto.
Nos une, además, unos cuantos aprendices, no de magia, sino del uso de la palabra.
Firma: Un cronopio que no necesita mayor presentación. Creo...

LuisCarlos dijo...

Volver a la web y toparme con esto ha sido el "no va más" de la semana. Este cambio es un voltearse para afuera... aprendiz de maga, maestra de vida, amiga de las Olivetti.
Veo esa "no-vez" y las propias como una primera entrega, un cauce turbio que luego toca orilla hasta otro día que se desate la tormenta real. Y entiendo la solidaridad femenina... pero nosotros también tenemos nuestras no-veces... de esas certeras.
Salud!

meganeni dijo...

Que vaina no? pasa.. a veces pasa, siempre pasa, eso de ser demasiado, equivale en términos de proporcion a no ser nada..

Regina Falange dijo...

Excelso! No puede uno menos que leer, pasar trago, recordar y revivir con este, su texto. Golpea la tonta excusa de poca monta de ser "demasiado para alguien". Duele la disculpa cuando te la han lanzado en cara. Pero aplaude el alma cuando el incidente se convierte en experiencia bien vivida, cuando los años lo devuelven y se confiesa el hombre, aunque con la excusa mentirosa. Aunque en el momento haya dolido ser demasiado y tan poco a la vez, eleva saber que a la final ud sí fue demasiado. Felicidades!