miércoles, marzo 01, 2006

vendedores de paraguas

llueve
se cosechan en el centro de Caracas los vendedores de paraguas. generación espontánea. nacen en las aceras, se reproducen y mueren allí mismo, con el aguacero. los vendedores de paraguas aparecen de la nada, fantasmas del agua. ¿qué hacen el resto del tiempo, el resto del año, el resto de la vida, en el calor crujiente de la ciudad, los vendedores de paraguas? ¿dónde guardan sus abalorios? ¿miden el clima, meteorólogos del mercado? ¿o previsivos van siempre con sus paraguas a cuestas? el misterio jamás será revelado.
llueve y es el día de suerte de los vendedores de paraguas. paraguas a 5 mil. para parar el agua. llueve y son felices. bendicen las gotas.
llueve.
maldicen los heladeros.
es la vida. no complace a todo el mundo. por eso tiene tantos enemigos.

18 comentarios:

LuisCarlos dijo...

Nacen como las setas británicas o como los hongos en las escaleras de Rayuela.
Los vendedores de paragüas son espontáneos como los suspiros, son los reyes del imprevisto, de la insistencia, del bienestar del rostro (porque igual los zapatos se encharcan y los ruedos se "encoletan", si me permiten inventar la expresión).
Por eso te saco a ruedo a los compañeros de los paragüeros (aves de buen agüero, por cierto): los "embolsadores".
Están en la Hoyada, en ese pasadizo que va por debajo de la avenida, más peligroso que el de la película Irreversible, anegado cual Venecia tras un salpicado cualquiera.
Los embolsadores, querida maga, son los reyes de las zandalias femeninas, de la pedicure de ayer, del tratamiento para los hongos y el pie de atleta, de los zapatos nuevos y el ruedo del carajito. En 10 segundos te meten el pie en una bolsa plastica, de la amarran por encima del tobillo y te cobran 100 bolívares (200 el par). Así te hacen sentir flotador, inmune a la corriente pantanosa que en el fondo, no más, está derritiendo, disolviendo, diluyendo a plomo, sangre, lágrimas y barro, esta capital desastrosa.
(para ti, maga)

Color dorado (En la ciudad que siempre llueve) dijo...

Es la vida, mientras ellos bendicen algunos maldicen (maldecimos) la lluvia. Son sus cinco minutos de gloria y fama, y también me he hecho las mismas preguntas. ¿De dónde salen?¿Son una consecuencia oculta de los aguaceros?¿Por qué fomentan el consumismo -tengo como seis paraguas de todas esas veces que salgo sin ellos, y la lluvia sorprende, y me toca comprar las sombrillas desechables de cinco mil bolos: es eso o pagar otros 12 mil en la peluquería-)

Están siempre allí, con su gama de colores, con sus piolines, mickeys, picachús y otros especímenes caricaturescos. No sé quién los llama, será que huelen la lluvia desde esas esquinas donde la esperan, y se pasan el swtich para no resentir la calamidad que bordea a Caracas y que despierta con cada aguacero.

Son como ángeles de los días lluviosos, son los benefactores de la lluvia, que a veces mata pero también le da de comer a ellos y a sus hijos.


Luis Carlos, no sabía de esa modalidad de protección del pedicure, pero en el centro deberían implementarla, definitivamente.

Saludos!

la maga dijo...

maravillosos los dos!!! me siento como en un taller literario!!!!

Silmariat, "El Antiguo Hechicero" dijo...

Luego de los maravillosos comentarios de Luiscarlos y de la "Huyía" -esa misma, la que dejó el pelero-.

Qué puede escribir un Hechicero como yo?

Todo lo mejor para ti y al grupo "Monologistas en coro"

PS: Por aquí los techos amanecieron blancos, dicen que poéticos, parte del encanto del mundo que se ha vuelto un poquito más loco.

Kareta dijo...

Yo estoy muy feliz con mi vida, con todo lo que tengo y donde estoy, pero no dejo de extrañar a los vendedores de paraguas, al metro, al gentío en las salidas de las estaciones cuando la ciudad colapsa con la lluvias, extraño el tráfico y hasta las colas, extraño a mi Candelaria y a Chacao, extraño sus centros comerciales...¡extraño a mi Caracas! con lluvia o sin ella.

Fósforo Sequera dijo...

Vendedores de paraguas, protectores de cabelleras y calvas con sus mantos armados en metal. Excelente texto.

Seguimos en clave...

Color dorado (en lento aprendizaje) dijo...

Tan bella maga, sabes bien que eres una grandísima maestra, A1. Eso es lo que inspiras cuando te leemos :)

un tordo dijo...

por fortuna llueve y luego escampa. así aparecen y desaparecen vendedores ocasionales de paraguas, así como también ocasionales tristezas y risas.
hermoso texto maga.

el pajaro guarandol dijo...

yo estoy con los heladeros. un abrazo, amga.

Victorian Spinster dijo...

Querida Maga,
En montaje paralelo: la nieve licua la orchata de las venas cuando aparecen los agiles africanos y centroamericanos, aprovechando la gran oportunidad metereologica para violar el cerco de los permisos. El clima es el tema constante de esta isla sin mar y solo los nacidos en la periferia de dos estaciones conocen la fragilidad e intolencia de los bien nacidos ante el mal clima. Ellos venden paraguas, bufandas, panuelos, libros usados y chucherias a la entrada del metro mientras los comerciantes esparcen cristales de sal en las aceras resbalosas donde el ruido se convierte en quietud y la velocidad de los peatones decrece para dar pasitos menudos de Pavlova.
Los informales son la Bauhaus de la ciudad, pues levantan sus funcionales tinglados en escasos segundos y los recogen al menor movimiento de la policia.

Mary dijo...

Los he visto en Madrid y Roma por igual, solo que en Caracas te venden crevezas, cocosetes, muñecos, discos de música y pelis piratas, ambientadores, dispensadores de agua, plumeros, pilas, cigarrillos... y, cómo no, patatas y tostones. Lamentable.

protheus dijo...

Excelente texto, en el cual apuesto por los heladeros, magos de mi infancia...

Luunna dijo...

Todos tienen sus minutos, cuando llueve, cuando hace calor, siempre sale el busca, que se gana unos mangos aprovechando el momento..
Un saludo cariñoso y que tengas un lindo fin de semana
Luunna

Griselle dijo...

Lastima, en mi país no se ven.

http://arlenedosyalguncamino.blogspot.com/

Álvaro Ramírez dijo...

Me encantó tu texto y lo que desencadenó aquí en estos maravillosos comentarios que han ido dejando tus lectores/autores más aventajados.

Yo me limito a disfrutar. Un saludo y un abrazo.

Mauricio Duque Arrubla dijo...

"Hay un supermercado en el semáforo." Eso dice Rubén Blades en una canción ajena. Pues los de los parguas andan saltando de producto en producto según la oferta y la demanda. Hoy es el paraguas, mañana el libro de moda (pirata), o el CD de moda o la película ganadora del óscar. Pero también se mantienen de productos legales, maní dulce, Chocolates, una que otra flor. La recursividad latinoamericana.
Estoy describiendo a Bogotá pero creo que aplica a casi cualquier capital.
Maga, me hizo falta tu blog durante mi breve ayuno de la internet. Y me encontré un excelente platillo al salir de él.

Sebastián -Dr.Corazón dijo...

Hola, aprendiz de maga.
Quería avisarte que tras leer tu blog (como tantos otros) durante algún tiempo, decidí abrir mi propio blog.
A pesar de que aún le falta algunos materos y unos cuadros (tal vez unos ceniceros), la casita va adelante. Estás invitada. Puede que en sí misma sirva de paraguas a muchas personas buscando refugio ante el chaparrón

ベル dijo...

Recordé un texto de Cortázar, donde describe como las gotas de agua se estrellan contra una ventana... y recordé que cuando era pequeña e iba en el carro y llovía, era fascinante quedarme viendo las gotas de agua que se estrellaban contra la ventana o contra el parabrisas, y luego que se estrellaban, corrían por el vidrio porque el viento las arrastraba, y se unian con otras gotas que a su vez se habían estrellado y habían sido arrastradas, y creaban una gota mas grande que a su vez era arrastrada.. y así sucesivamente. Recuerdo que en aquel entonces, mientras me quedaba como idiota pegada a la ventana del carro viendo las gotas, lo unico que pensaba era que parecían espermatozoides, y que algo así debía ser la fecundación. Tenía, si no me equivoco, 7 años.
Ahora tengo 24, y hace algunas noches, me quedé viendo la ventana de mi cuarto, cuyos vidrios son opacos, y deseé que lloviera; así como llovió durante los primeros dias de mi estadía acá. Uf, que lloviera muchísimo y que el agua entrara por todos lados, y arrastrara la cama hasta el mar. Supongo entonces que la cama sería como una gota, y el piso sería la ventana y el agua sería el viento, y todo sería como los espermatozoides y la fecundación y todo ese cuento.

Creo que voy a seguir esto en algún otro lado, me vinieron mil cosas a la mente. Un beso Maga, a Ud, a su hada, a sus monstruos, a sus chiclets saltarines.