sábado, enero 07, 2006

un mototaxista por la carretera vieja

Tuve que montarme en mototaxi. Demasiada cola, me dijeron, no hay otro remedio. Ida y vuelta por la carretera vieja Caracas-La Guaira. 90 mil bolívares. Fui a buscarlo por el centro. Se dispuso espléndido: soy suyo, jefa, lo que usted quiera. Y le pedí el casco. Ya me estaba doliendo la espalda de antes, pero qué se va a hacer, es el trabajo. El trabajo puede implicar 5 horas en una moto. Y una espalda medio quebrada hoy.
El estaba feliz. Vibrando, pues. Lo que usted quiera y hasta la hora que quiera, repetía. Supongo que eran los 90 mil bolos, las 90 lucas para ser más exactos. El mototaxista jugaba, además, a ser periodista. Hablaba con todos, preguntaba, se metía donde no debía y donde sí. Era además del todo popular, saludaba a los tipos de los camiones, al que vendía cigarrillos, les miraba el culo a las muchachas que iban de parrilleras en las otras motos. Se va a caer, lo tiene muy grande ¿o no?, me decía cómplice. Yo me malandrizaba a medida que transcurría su monólogo de 5 horas. Esa es mi casa, me contó mostrándome allá a lo lejos, por Gramoven, un montón de viviendas sin frisar. Esa, la del tanque blanco. Es grande, le comenté. Sí, burda.
Me contó que era mototaxista y policía. Policía de quince y último, 16 años de servicio, mototaxista en sus ratos libres desde hace 5 años. "Nos dejan, muchos policías también manejamos mototaxis", contaba feliz. Se puso el carnet de un cuerpo policial. Para que no nos paren, aseguró, aunque era más que eso, era la bomba de tener un carnet de policía. Saludaba a los otros uniformados de pana y todo. SIn duda, era popular.
Me habló de los hijos. 4. De 3 mujeres. Estaba orgulloso. Se reía. Puros varones los hijos. Busca la hembra. Me quedaré con la mujer que me dé la hembrita, sonreía pícaro. Pero qué va, me salen puros varones, es que soy un toro cuando estoy con una mujer. La sonrisa se amplía. Está feliz de ser varón. Si me pongo una falda a lo mejor me sale niña. Machista, pienso. Qué va, ni de vaina me la pongo, contesta a ninguna pregunta.
Hacía frío. Ofreció la chaqueta o no sé si que me apretujara a él. COmentó de sus incursiones a la playa en moto y por esa carretera. Tú vas con tu novia, ves, y aquí se te aprieta sabrosito y empieza a darte besitos y está el monte y a lo mejor no llegas a la playa, relata. Claro, pana, del carajo, llegué a asomar.
Se detuvo a ver el mar, el aeropuerto, los aviones. Como un niño con el cigarro en la mano. Va a despegar, y le brillaban los ojos. Ese es de American Irlen (o algo así). ¿Quieres ir? Qué va, que voy a hacer yo tan lejos. Seguro que no cambia su vida por nada, sentí. El barrio, las jevas, la moto, la picardía, el sexo. ¿Te gustan los aviones? Pero no me monto en ellos, una novia me invitó una vez y yo le dije, tú te vas por avión y yo por la bandera y nos vemos allá.
Ese avión, me dijo, es mi papá. Y no pregunté. Intuí, por sus ojos nublados, que esa metáfora no me la iba a explicar. Claro, empezó a reir de nuevo rapidito y se dispuso al trabajo. Usted manda, jefa.

Después lo vi, cuando yo salía del trabajo. Se estaba cortando el pelo en una barbería del centro. Hablaba por celular. Se le veía magnate con sus 90 lucas. Tremendo día. Que sigan llegando clientes así. Que viva el cierre del viaducto.

11 comentarios:

Martha Beatriz dijo...

Que viva inmediatez! Pero la verdad, M. sin posibilidades de salir del barrio (aunque lo niegue la CH), de comprarte un carro, de ver estudiar a los hijos...que mas te queda sino vivir el día a día?

Silmariat, "El Antiguo Hechicero" dijo...

Primero: Te he imaginado en muchas formas y actitudes, pero jamás de los jamases te he imaginado cual BATICHICA de principio de siglo.
Segundo: Me hiciste recordar cuando trabajaba en una empresa de “Análisis de Mercado” y más de una vez tuve que encaramarme en uno de los dedos montañosos caraqueños pa’preguntá: Qué tal le va doña con el Ariel Ultra?
Tercero: Las cosas no cambian, parece que el tiempo se detiene en algunas partes de la Ciudad.
Cuarto: Un saludo para los que van a verse.
Quinto: Un beso largo y lento para ti.

Todo lo mejor para Usted Señora Maga.

Rodolfo dijo...

jajajaj, que sabroso cuento.Te conseguiste al propio motorizado.

Josef E. dijo...

Del tiro, Maga, se me olvidó que me dan miedo las motos de cross cuando agarras por debajo del centro Simón Bolívar o que me da vértigo cuando me subo a una silla a cambiar un bombillo.
Muy sabroso relato; talento, eso sí que te tienes tú.

Pino dijo...

DISCULPE, PERO SE REUNIERON LOS EQUIVOCADOS? ME HUBIERA GUSTADO IR... PERO TEMBLABA DE PANICO SOLO PENSAR QUE...

Depeco dijo...
Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.
Depeco dijo...

Jajajajaja

Me hiciste recordar mi "primera experiencia en moto" tal cual... con un pm y todo...

(segurito era de esos, verdad?? jajaja claaaaro, ellos son los que matan tigritos haciendo las veces de mototaxistas, y de seguridad de las panaderías...)

Cosas que pasan en este país tropical... pero sabes? hasta simpatía producen acercarse a ellas de vez en cuando

Saludos!!

PD: Muuuuuy de vez en cuando!!!

(El comentario anterior lo borré por un error ortográfico, diculpa)

meganeni dijo...

esta demasiado bueno este cuento maga.. que experiencia sociológica tan intensa, saludos

protheus dijo...

"Desgracia para todos, regocijo para algunos"

la maga dijo...

Pino, desde aquí he decidido ser promotora oficial de tu blog...se van a enviciar quienes te lean por primera vez...(como yo)
la dirección es
http://www.pinoesfeliz.blogspot.com

Pino dijo...

AY, AMIGA MAGA, EL MUNDO ES ANCHO Y AJENO...